15.11.16

casilla de salida.





Náufragos llegará a las librerías esta misma semana. Han sido 12 meses; todo un año de trabajo, especialmente intenso durante una larga primavera, que han dado como fruto un cómic de 200 páginas. En realidad cualquier cosa medianamente interesante del proceso creativo y demás vicisitudes ya lo he contado con anterioridad junto a Laura en el blog de CulturaFnac, que la semana pasada dábamos por terminado. De manera que ya está, ya sólo queda esperar a que caiga en nuestras manos, o en las vuestras, si así se os antoja. Habrá una presentación el día 2 de diciembre en Fnac Callao, y una exposición itinerante de los originales de la obra que empieza esta semana en Madrid y recorrerá España durante un año. 

A título personal, en estos momentos no hago otra cosa que trabajar y leer, probablemente más que nunca, y mientras tanto rumiar lo que quizás algún día sea un segundo poemario. Quién sabe. Ya iré colgando versos, que eso no va a cambiar; el blog continuará, aunque blogger y mi feed agonicen.

Un fuerte abrazo. 

take this waltz

Idea junto a Juan Ramón Jiménez




Lo que mejor recuerdo de Montevideo es la mirada de Idea Vilariño. Alrededor de la mesa en la que los comensales hablaban con el fervor rioplatense por discutirlo todo, sólo ella permanecía en silencio y observaba, una mujer de setenta y tantos años con la piel lisa y brillante y los rasgos afilados, con unos ojos en los que permanecía intacto el fuego frío de la juventud. Hay personas que nos miran desde una cercanía inmediata; Idea Vilariño miraba como emboscada en el interior de sí misma, y rodeada de gente parecía tan a solas como en esa habitación que es el espacio visible o implícito de casi todos sus poemas: la habitación del insomnio, la de la soledad al mismo tiempo orgullosa y desgarrada, la del amor furioso y sobre todo la de la ausencia y la rememoración pasional y desengañada del amor, la habitación de no esperar nada y sin embargo seguir esperando unos pasos en la escalera y unos golpes en la puerta, debajo de la cual se ha encendido a deshoras la luz del descansillo.

En un viaje anterior a Montevideo yo había descubierto los poemas de Idea Vilariño pero no me había encontrado con ella. Entre la gente cordial y conversadora de esa ciudad ella era una sombra poderosa, como la de Onetti, que aún vivía, omnipresente y a la vez lejano, muy enfermo, en Madrid. Idea Vilariño era el nombre inscrito en la dedicatoria de Los Adioses y una leyenda dibujada ambiguamente entre la literatura y el chisme de capital pequeña, densa de vapores intelectuales y sentimentales. Hablaban de ella, pero Idea Vilariño no aparecía. Contaban que tenía la salud frágil y que no era muy frecuente verla en público.

En la exposición de homenaje a Onetti su cara seria y su mirada de cuarenta años atrás estaba en los márgenes de algunas fotografías. Fotos de escritores jóvenes, urgidos por una cierta vocación de posteridad, con el cosmopolitismo extremado y un poco melancólico de quien se sabe muy lejos de las capitales veneradas del mundo; fundadores de revistas de vida corta y difusión escasa, muy buscadas al cabo de muchos años por investigadores obstinados; acompañantes de algún viajero eminente al que agasajan con temerosa devoción y junto al que posan en las fotos como exponiéndose al resplandor solar de su celebridad. En la foto de la visita de Pablo Neruda a Montevideo, Idea Vilariño está entre los literatos jóvenes que lo acompañan: también en otra junto a Juan Ramón Jiménez y a Zenobia Camprubí, los dos afables y viejos, cansados de destierro.

Querida Idea enlutada con verde mirar lento, le escribió Juan Ramón en una carta. En esas fotos antiguas que yo veía antes de conocerla, Idea Vilariño tiene, a diferencia de quienes la rodean, una conciencia muy clara de estar posando, una actitud de mirada intensa y presencia ensimismada y letárgica que parece aprendida de Virginia Woolf o Greta Garbo o Juliette Gréco: la musa distinguida y pálida que toma de pronto las riendas de su propia vida imponiendo su presencia en un círculo de hombres, escribiendo poemas que al cabo de muy poco tiempo ya se han despojado de cualquier rastro de retórica y de musicalidad evidente, han adquirido una mezcla de desbordamiento impúdico y rigor expresivo que lo deja a uno sin respiro desde la primera lectura.

Volví de mi primer viaje a Montevideo sin haber conocido a Idea Vilariño, pero en el largo vuelo de regreso vine leyendo sus poemas de amor, en el avión casi a oscuras, a la luz de esa pequeña lámpara que sigue encendida para el viajero insomne cuando a su alrededor todo el mundo duerme y por la ventanilla sólo se distingue una noche sin estrellas al fondo de la cual uno sabe no sin aprensión que está la gran negrura oceánica. García Lorca escribió en una carta que quería escribir una poesía “de abrirse las venas”: exactamente eso es lo que uno siente leyendo algunos de sus poemas de amor, igual que los mejores de Luis Cernuda o de Pedro Salinas una celebración simultánea de la ebriedad y de la desgracia, sin complacencia, sin término medio, con una capacidad de iluminación y de estremecimiento que probablemente no puede alcanzarse sin renunciar a la vergüenza, y que tal vez sólo se encuentra en estado puro en algunas formas de canción popular, en el bolero y en el tango.

Ese es el mundo en el que uno queda atrapado como en un cepo al leer los poemas de Idea Vilariño. Su respiración es sincopada, con algo de los heptasílabos de Pedro Salinas, o con las cadencias todavía más quebradas de William Carlos Williams, como un aliento que se ahoga a causa de la excitación y de la impaciencia y de la imposibilidad de decir. No hay paisaje exterior, ni explicaciones, ni adornos, ni nombres, sólo los amantes encerrados en esa habitación que será también la de la soledad y la espera, y la de un dolor demasiado cruel como para que lo designe la blanda palabra añoranza: “Por qué/ aún/ de nuevo/ vuelve el viejo dolor/ me rompe el pecho/ me parte en dos/ me cubre de amargura./ Por qué/ hoy/ todavía”. El pudor expresivo multiplica el efecto de la falta de vergüenza: en un poema titulado “Seis” la mujer cuenta las veces que su amante ha gemido al correrse; en otro se está viendo en un espejo al arrodillarse delante de él.

Guardé y releí durante años aquel libro que había traído de Montevideo, y que tenía algo de revelación clandestina. Hace unos días, inesperadamente, en una librería de Madrid, encontré una edición flamante de la poesía completa de Idea Vilariño, publicada en uno de esos volúmenes hermosos y austeros de Lumen. Y al mismo tiempo y también por sorpresa me llega un libro de homenaje a ella editado por Ana Inés Larre Borges para la Academia Nacional de Letras de Uruguay, lleno de fotos, de cartas, de fragmentos de diarios, de tajantes afirmaciones políticas inmunes al descrédito de la realidad y no mitigadas por el paso del tiempo.

Las fotos, los poemas leídos de nuevo, me han devuelto el recuerdo preciso de la mirada de Idea Vilariño, en un segundo viaje a Montevideo del que ya va haciendo demasiados años. Hay ciudades que se le quedan a uno tan presentes que pierde la conciencia del tiempo que lleva sin volver a ellas. Onetti había muerto y yo hablaba de su literatura en una sala donde estaban mirándome, sentadas en la primera fila, la mujer que había vivido con él más de cuarenta años y la que había escrito para él esos poemas de amor descarado y clarividencia sin consuelo. En uno de ellos cuenta las noches que pasaron juntos: no más de nueve. En otro, escrito en 1958, profetiza lo que ocurrirá en 1994: “No te veré morir”. El “verde mirar lento” que había visto Juan Ramón Jiménez mantenía su fulgor muchos años después del final de la juventud: la atención afilada en la cara muy seria, la furia nunca apaciguada que traspasa como una herida cada uno de esos poemas.

Antonio Muñoz Molina

23.8.16

Plurales - Clara C. Scribá





Plurales es un primer poemario. Existe cierta predisposición en el panorama poético a tratar este aspecto con tendenciosidad. Sin embargo, este hecho en realidad exime de muy poca cosa a los ojos del aficionado obcecado. Más importante en Plurales es, sin embargo, la clarividencia de sus virtudes, el esfuerzo palpable en pos de una voz propia que, todos sabemos, tarda mucho en llegar. Porque esta obra de la madrileña Clara C. Scribá, ofrece una colección compacta, granítica de poemas, como no es tan habitual contemplar en la estantería de novedades.  

Dividido su contenido en 3+1 partes, el lector no encontrará esta ordenación en absoluto frívola o impostada. Todo lo contrario, no sólo ejemplifica el aliento colectivo de sus pretensiones, sino la disciplina, la férrea sistematización de los impulsos poéticos de la autora, la vocación estructuralista de las emociones más primarias.

Y sin embargo, no hay atisbo de pretenciosidad. Los versos de Clara buscan incansablemente el hueso, ya desprovisto de carne muerta, de cartílago. Sólo en ciertos momentos Plurales traerá a nuestra memoria la tradición de Cernuda o Aleixandre, pero apenas desbaratando el discurso principal, que es esa búsqueda de identidad a través de los vestigios del apego, la realidad amorosa y el desencuentro. Especialmente éste último, que actúa como buque insignia en muchos de los poemas: Hacerse una jaula de hierro/ en las entrañas y matar/ los deseos uno a uno/ cada noche.
Tanto en la primera parte (1ª persona del plural) como la segunda (2ªpersona del plural) se aprecia una homogeneidad que propicia la rápida, agradable lectura. Algunos de los lugares comunes son identificados y puestos en cuarentena. Otros, son asaltados con la suficiente contundencia: He dejado/ de lamerme las heridas/ y ya ni siquiera/ hay nada que lamer.

Llega entonces la tercera persona del plural. Encontramos en este último tercio del volumen algunos pasajes de mal llamado carácter social, deseosos por dejar atrás la pátina de ingenuidad habitual en esas lides. Y es aquí donde se hace más evidente el talento lírico de la autora, ya que se eleva por encima de una denuncia de cierta bisoñez. Pero el andamiaje en la poesía de Plurales es resistente, e incluso aquí, en la zona de alto riesgo del poemario, se descubre con esos detalles de la lucidez propia del buen poeta: Contar con tiempo,/ para vivir/ no es vivir.

Clara termina con cuatro poemas que parecen obedecer a la intertextualidad bien entendida y que se alzan con porte orgulloso, pues demuestran la confianza, el total control de las aptitudes de su autora. Es por eso que huyen de la timidez, creando un punto y final con subrayado incluido, reflejando en sus versos las manías y bondades que tiene este debut poético: Quiero/ no ser viva/ quiero/ ser arte/ estar en el arte/ no ser artística/ no ser artista/ ni siquiera belleza.


El deseo de trascendencia a través de la profundidad y el lenguaje empapa la lectura de Plurales. Sí, el amor es vehicular en sus intenciones. Pero un amor que apunta, por encima de todo, a la palabra misma.

8.7.16

El final





Náufragos, la novela gráfica con la que ganamos Laura Pérez y un servidor el premio Salamandra Graphic-Fnac, está casi acabada. Lo cierto es que ha requerido de mis mejores esfuerzos y de prácticamente todo mi tiempo útil, apenas desde que empezara el año. Cuando uno convive durante demasiado tiempo con una idea, con una actividad creativa muy concreta, corre el peligro de rondar el hartazgo. Las ideas enamoran, especialmente con el correr de los días, pero son propensas igualmente al imprevisible desencanto. Con este guión he bordeado ambas sensaciones, si bien he procurado no caer de lleno en ninguna de ellas. Mi estado de ánimo, una vez entregué el borrador definitivo de los textos, era el de alegría: Alegría por acabar lo que empecé hace ya muchos meses, alegría al contemplar el resultado. Tampoco puedo hablar de entusiasmo, que conste, ya que seguramente quedan docenas de detalles mejorables. Pero bueno, I tried my best, que diría aquel. Ahora, a esperar a noviembre, que será cuando vea la luz esta obra. Buen mes para ello. 


Por otro lado, tenemos un blog dentro de FnacCultura donde detallamos aspectos del proceso creativo de Náufragos y demás curiosidades. Es aquí, espero que les guste. 



Hasta el otoño. 


8.5.16

postales





En casi todas las presentaciones del poemario, y haciendo gala de un talento que alguien pudiera llamar clarividencia, solía apuntar que lo único cierto sobre el siguiente que escribiera, es que sería muy distinto. Probablemente más en el fondo que en la forma, pero nos entendemos. Cronología es un puñado de versos cuyo grueso es la temática amorosa. Pero de un tiempo a esta parte he estado meditando sobre ese resto del poso, esa porción ocupada por la infancia, y por extensión, la familia. Y de repente me ha sorprendido que, ya finiquitando Náufragos, me obsesionaba de nuevo con la vida pasada, con los hechos sin documentar, con lo disfuncional y cruel que a veces nos rodea y da forma a lo que somos. Y producto de ese empeño nacían poemas en los que declaraba mi profundo amor a todos los pilares afectivos que se yerguen por encima de las circunstancias y las pasiones, esto es, mis padres y mi hermano. Pero también hacia mí mismo, una visión crítica y honesta de mi persona. Ya he empezado, me ilusiona sobremanera. Y en cierto modo coincide con una perspectiva menos amable hacia todo lo que había escrito; cada día le veo más las costuras al libro, especialmente en su tercio final. Me siento algo incómodo en su relectura, la voz presente excesivamente empapada por Vilariño y González. Pero está bien así. Creo que debe ser así. 

 Al fin y al cabo, uno escribe de lo que tiene. O de lo que no, que diría Machado.

3.5.16

óxido.






Flynn Warren





El médico dijo una vez
que la mía
era una genética de atleta;
la espalda ancha,
manos
y hombros generosos.
Un corazón fuerte y
aburrido
a causa de esta
intermitente voluntad.

Aquel médico
al que no he vuelto a ver
se sentiría decepcionado
ante estos primeros achaques
resultado de una juventud
hace tiempo extinta.
El crujir de huesos,
la vista defectuosa.
El miedo instaurado
en toda indecisa articulación.

Ya no las tengo todas conmigo,
de eso no hay duda. Pero
en cualquier caso
a estas alturas
a este cuerpo
sólo le pido una cosa:

Que sepa rendirse
llegado el momento.


29.4.16

día de perros

Paolo Raeli




Es cierto que de vez en cuando
oscurece
y que entonces uno entra en la ducha
y deja -tristemente-
más de un cuarto de hora
el grifo abierto,
quince minutos con la carne
bajo el chorro insistente,
con mi cuerpo
de ocho kilos menos
por si hay suerte
y esta vez
el agua arrastra hasta el desagüe
algo más
que suciedad y fantasmas,
por si ahoga esa contagiosa semilla
de un incipiente olvido.

No suele funcionar.

Y cuando después me deslizo hasta la cama
aún húmedo y breve
doy de bruces con ese lugar
donde frenar ansias
y morder puños,
donde mejor no estirar el brazo
para violar fronteras,
sábanas de cruel ecuador que demuestran
que esta noche
-como tantas otras-
no estás
porque estás muerta,
Que destierran por siempre esa duda
que acaricia el umbral
de tu ansiada presencia.

6.4.16

Irrelevante.

Chan Xana




Son tantos los detalles
irrelevantes dirán
que me da por enumerarlos;
la forma
en la que pelarás la fruta,
el modo de situar los dedos
o el cuchillo, y si te importará mucho
que las pegajosas gotas
recorran tu piel.

Qué decir del tiempo
que dedicarás a desmaquillarte,
tu criterio al elegir cada día
asiento en el tren, en el autobús.
Tu modo de liar un cigarro
o liárselo a otro.

Desconozco
qué orden pones en tus ropas
el modo en que doblas las sábanas
tal vez sin ayuda.
Cómo te atas los cordones
ordenas tus libros
escribes una carta.
Cómo sostienes un caracol en tu mano
bebes de una fuente
apartas las cortinas.

Bailar, desvestirte.

Sangrar la herida.



Son tantas las cosas
que no te he visto hacer nunca
que podría perpetuar el poema
con docenas de nimios detalles
pues nimios detalles son.
Pero no sabes lo que me va a costar
morir
sin haberlos visto.
Sin haberlos
aprendido de ti.

7.3.16

  



  El pasado viernes día cuatro de marzo tuve la oportunidad de presentar mis versos en Barcelona junto a Clara C. Scribá, en un lugar precioso como es la librería Laie del CCCB. Hacía mucho tiempo que deseaba volver a esta ciudad con Cronología del óxido, al lugar donde tantas cosas salieron bien, donde di forma a muchos de los poemas que pueblan esas páginas. Allí, al acabar el recital del pasado viernes, apenas pude contener la emoción al verme tan bien acompañado por todas las personas que, de un modo u otro, me acogieron durante aquel 2012 y 2013. Y no por casualidad es ahora cuando se cumplen tres años de mi estancia en la ciudad condal, y quizás es por eso que me invade la sensación de estar cerrando una etapa llena de alegrías, cuyo resumen tal vez encuentre respuesta precisamente en uno de los poemas que, gracias a María Sotomayor, ahora sobre papel descansan.

A los que se dan mucho:
Que no por ello
queden faltos
de sí mismos

que nunca es tarde
para pertenecerse
de nuevo.

   
  Durante los últimos tiempos ha sido muy poco el esfuerzo que he dedicado a la poesía, ya que siempre he considerado que mi producción vive supeditada a los rigores del ánimo e inclemencias del corazón. Aquellos primeros meses en Barcelona, meses duros en los que las horas en soledad se vieron tristemente multiplicadas, fueron realmente productivos, y muy posiblemente los poemas más elaborados del libro los firmara allí. Me quiero quedar con el recuerdo de esa primavera que tantas cosas cambió, y con la promesa de volver allí muy pronto, quién sabe si para quedarme. 



12.1.16

Hace no mucho empecé a escribir una historia, una especie de narración entrelazada a base de diarios ficticios que con cuentagotas iba publicando en el blog Precipitaciones.  Poco a poco la idea original, de carácter más lírico, y que incluía poemas acuñados por Montse Hervás, fue mutando hasta el punto de creer que aquello podía encajar en el lenguaje del cómic, que podía funcionar mejor entre viñetas. Siendo cierto que la ilustradora Laura Pérez y un servidor hablábamos desde hace tiempo de colaborar de alguna manera, decidimos que quizás ese era el material adecuado para dar forma a una novela gráfica. Puestos a probar suerte, nos presentamos al concurso que cada año organizan la editorial Salamandra y FnacCultura. 
Ahora podemos decir que hemos ganado el premio, y que a finales de año se publicará Náufragos. Hasta entonces, prometemos todo el esfuerzo y perfeccionismo que requieran las expectativas. 

Un abrazo, nos leemos pronto.




15.11.15

mudanza

Roderick van der steen




¿No es
a una húmeda mancha
o —tal vez—
al silencio raquítico
a quién debo todo esto?
Nunca una huida
me llevó tan lejos.

Eso es por tu culpa.

Por la mía
esta maleta
que tan grande parece
quedarle a mi vida.

8.11.15

vestigios


foto de Keith Hayes



Si el mundo fuera justo
que ya sé que no lo es
ni tiene por qué—,
pero si así lo fuera
esta vida
me habría permitido quedarme
con todas esas cosas
que no te gustan de ti.
Aquellas que odies
o bien desprecies
una mañana al despertar,
al flaquear, o al caer quizás,
aquellas que cambiar quisieras
o hacer desaparecer:
todo el desdén, la pereza
la tos de madrugada
los gritos y sollozos;
tal vez cada porción de tu cuerpo
que creas
equivocada en su escala,
la vista cansada
las ojeras, y legañas,
todo el peso inerte
de ese egoísmo terrible.

Si el mundo fuera justo,
seguramente no
al menos esa parte
al menos esa
estaría aquí conmigo.

4.11.15

Raíces

Martina Šimková



Debe ser hermoso conocer
o al menos tener pensado,
albergar certeza
de pertenecer a un lugar
para el descanso;
saber donde acabar
con la tierra en la boca,
en un cubículo de gusanos
vestido en madera de pino
y sepultado.

Aunque
y siendo sincero
me gustaba la idea
de ser ceniza, sangrar en el viento
que intimida y acaricia el cabello,
que cruje en los árboles
ultimando un suspiro.

Que aún discute
las flores de tu ramo.

(antiguo)

17.10.15

traiciones

foto by kauffmann




Yo quisiera hacer de esos versos
acción demostrativa
pero no sé
no sé arrancarlos
sin palabras
sin asesinato.

Y quisiera.

Porque nada miente tanto
como ellas.
Las palabras mienten tanto
y yo quisiera
construir poemas
sin ellas.

10.10.15

plegaria

jillian freyer




El amor de mi madre
se lo llevó
un hermano
a la tumba.

Devolvédmelo
que de verdad creo,
de verdad
que hacía
más falta aquí.


Aquí.
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