8.4.08

Deep

Muchas de mis ilustraciones son impulsivas. Quiero decir que intentan expresar algo, pero la mayoría de las veces no existe una reflexión previa. Parecen comandadas por mi subconsciente, de tal manera que pasan los días, y aún no sé que demonios intentaba decir. Eso me pasó con ésta misma, y que espero rehacer en breve:


La ilustración es mi forma particular de sacar la podredumbre del alma hacia fuera. Me considero torpe al expresar mis sentimientos de otras formas, rasgo que me ha causado más de un dolor de cabeza. Ahora, en horas intempestivas en las que el sueño no vence, siento esa necesidad de ver las formas que se pasean por mi cabeza, reflejadas en la pantalla, en un papel, o en la servilleta del bar.

Suelo remitirme a menudo a las reflexiones de Edvard Much, pintor que con el tiempo se ha convertido en mi favorito, (no sólo por su obra, sino por su manera de enfocar la pintura y la misma existencia) para explicar a las mías propias:

“Lo que ha arruinado el arte moderno es el comercio, el exigir que los cuadros queden bien una vez se cuelgan en la pared… no se pinta por el deseo de pintar… o con la intención de contar una historia. No se pinta con el corazón”

Para mi es hermoso pensar que siempre hay una historia que ofrecer, que contar. Un modo honrado, honesto y sincero de expresarse. Algo que mitigue esa fuente de problemas que inunda el mundo en el que vivimos, que es la falta de comunicación.

Puede que Munch no sólo vomitara su pánico en El Grito. Quizás también fue un acto de rara generosidad al querer compartir ese miedo. En realidad no tengo ni idea, son sólo vagas elucubraciones. Pero me gusta la idea de que alguien, a miles de kilómetros, siente lo mismo que yo cuando ve, por ejemplo, esto:


O cuando escucha a Mozart, o cuando ve una película de Miyazaki. O sencillamente al leer a Corto Maltés. Quiero pensar que el arte no sólo es un ejercicio egocéntrico y onanista que vale mucha pasta. Quiero pensar que posee ese poder altruista del que hablaba Picasso. Que mejora un poco este mundo tan podrido.



Cuadro: Edvard Munch - Vampire

3 comentarios:

  1. A mi me suele pasar como al niño del sexto sentido que se ponia a escribir sin pensar. Siempre dibujo sin pensar y despues de hacer la ilustracion me invento la historia...es bastante desesperante.
    No conocia de munch mas que una parte de su obra pictorica pero esta claro que ese hombre era especial mas alla de su talento artistico.
    Inventate la historia mas chula que sepas para esa piraña, seguro que tu subconsciente cuando te guió para elaborarla era igual de chulo.

    ResponderEliminar
  2. Los peces abisales siempre despiertan cierta ternura en mí, será porque se les considera feos y por ende malos… Cuando ellos están ahí, sumidos en la oscuridad, muertecitos de frío y soportando litros y litros de agua sobre sus pequeños cuerpos… Es una ilustración preciosa, me gusta mucho.

    Y el arte, bueno, imagino que el arte puede ser como todo lo personal: egoísta, universal, comercial, intimista, evocador, opaco, tramposo… Al fin y al cabo es una obra humana no?

    Cada una tendrá su motivo.

    ResponderEliminar
  3. Los cuadros, como cualquier otra forma de arte (música, escultura, escritura, cine, fotografía...), tienen que expresar un sentimiento, una reflexión, un "algo" que nos mueva y nos llene (o vacíe).

    Otras veces, mientras lo vendan y punto, ya ha cumplido su función.

    Lástima.

    P.D: No haces más que inspirarme. Me encantan tus posts.

    ResponderEliminar

- +