3.6.08



-Cuéntame un cuento. Que sea triste. Y que sea corto.

-¿Por qué triste?- Preguntó mientras se consumía el cigarro entre sus labios cortados. Los gruesos guantes de piel manejaban torpemente el paquete de tabaco, arrugándolo, al tiempo que lo introducía en uno de los numerosos bolsillos de la chaqueta.

-Porque me sentiré mejor.

-¿Y por qué corto?

Sus ojos eran unas cuencas oscuras, donde apenas se adivinaban dos alfileres azules, y entre todos los ropajes del equipo, parecía más menudo aún de lo que era.

-Porque no queda mucho tiempo.

-Se uno- dijo la mujer mientras estrechaba al desconocido inconscientemente. Su voz era un susurro. –Aunque no se si llamarlo cuento. Es demasiado pequeño, demasiado corto para serlo. Pero te prometo que es muy triste.

El hombre acomodó su cabeza en el pecho de la mujer. Tenía parte del pelo cubierto con costras de sangre reseca. Asintió, dando su aprobación.

-Hubo una vez un niño. Un niño-hombre, que gritaba y lloraba. Lloraba sin cesar, desconsoladamente. ¿Y sabes que? Nunca se supo el porqué, la razón de tanta pena-.

-Pero, ¿Cómo es posible? Era un niño…-.

La mujer se inclinó

-Nunca se supo, porque nunca hubo nadie que lo escuchara. Esta sucediendo. Ayer pasó. Ahora. Y mañana ocurrirá. Siempre hay alguien que llora, siempre alguien que no escucha. Y siempre se muere una parte del mundo-.

Un atisbo de sonrisa asomó en la boca del hombre.

-Yo tengo uno mejor. También es muy corto-. El ruido de las explosiones era tan ensordecedor, que debía hacer un esfuerzo supremo para elevar la voz.

-Cuéntamelo-.

-Hubo una vez alguien con muy buena memoria. Recordaba todo. Todo lo que había vivido. Buenos, y malos momentos. Mucha gente estaba viva gracias a él, en su recuerdo. Sin embargo, un día su rostro se ensombreció. Él, que tan pendiente estuvo de sus recuerdos, estaba muerto en el de los demás.

Y de repente, se encontró rodeado de olvido-.

Sintió humedad en la mejilla. Todo era nieve y cenizas. Y los brazos apretaron.

-¿Sabes? Creo que sé porque lloraba el niño-. Su aliento era cálido, y sus labios casi le rozaban la frente.



-Quizás si quede tiempo, para otro cuento.





Ilustración: Attraction - Edvard Munch

6 comentarios:

  1. Vaya, a mi los cuentos tristes no me hacen sentir mejor, pero eso no significa que no me gusten, por alguna razón la tristeza también puede disfrutarse.

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  2. Siempre quedará tiempo para otro cuento.
    Cuento para dormir y cuentos para despertar.

    Un saludo.

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  3. If you come closer
    I'll show you how it feels...

    Esa canción me encanta.

    Te gusta mucho Munch por lo que veo...

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  4. Me encanta ^^ intentaria expresarlo en una frase mas buscada q demostrase lo q me mueven pequeñas cosas como esta, pero esas dos palabras yo creo q recogen la idea perfectamente :)

    Un saludo!

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  5. El texto es tuyo? sea o no, me ha gustado mucho, es fácil imaginarse cada escena :) El cuento del chico es sin duda mejor ;p

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  6. Si, es mío, de hace un tiempo. A veces me da por rescatar libretas a cuadros^^

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