14.3.09

enseñanzas

Mi viaje a Madrid ha sido una de las experiencias más didácticas y hermosas de mi vida. No sé si resulta una afirmación atrevida. Sé que no es gratuita, ni autocomplaciente. Y desde luego no es apresurada. Sencillamente, me he sentido conmigo mismo. Paseando por calles grises, o cegadas por el sol (ese sol de habilidad inusitada que se cuela donde quiere), calles extrañas, calles familiares. Calles abarrotadas, calles desiertas. El mundo a mis pies porque soy parte de él. Pies llenos, digo. Estaba solo. Y con todos.

No escapa de cierta ironía el hecho de que me acompañaras en cada paso, cada palabra. Saber que ya eras, incluso más que somos. Es decir, libre de exigencia, deseo y sueño.

Estoy aquí.

Nada más que eso
y tanto.


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