9.6.09

virginidad




Una de las sensaciones que con más frecuencia le habían visitado -y eran esas visitas como de domingo tarde, absolutamente indeseables- era el vértigo temporal. En aquella isla desierta no había mucho lugar para abstracciones o sesudas valoraciones metafísicas. La soledad era, y siempre fue, soledad. La plástica de las olas, el rumor del oleaje venía a ser una suerte de encuentro sexual, al igual que la roca era sangre y carne, la espesura de la maleza calor del lecho y los pocos animales salvajes que se dignaban a hacer acto de presencia, puro vasallaje.

El miedo pertenecía a otro universo, a una vida ya ajena, absolutamente extraña. Por eso, al ver aquellas pisadas en la arena, la incredulidad y la euforia fueron las últimas invitadas al festival que devoraba sus sentidos. En su lugar, una idea se hizo hueso en su cabeza:

"La marea podría borrarlas"


Hay miedos vírgenes. También sangran y se quejan llegado el momento.


1 comentario:

  1. Es curioso los sentimientos que despiertan unas simples huellas en la arena, hay todo un mundo a su alrededor.

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