27.2.10

Cavando

Elucubraba yo desde hace unas noches, sobre la propiedad intelectual de mi personalidad. Ya que, como se suele decir, somos en muchos aspectos la suma (o resta, o multiplicación... quién sabe) de las personas que nos dejaron huella, siempre intento escarbar hasta aquellos rasgos que por mi propia naturaleza, fueron intrínsecamente míos desde el principio. Y no parece una empresa sencilla, aunque quizás si gozosa, y un auténtico ejemplo de autoconocimiento efectivo, ante el cual muchos de nosotros nos sentimos algo inquietos. Bueno, somos humanos.

Muchas de mis aficiones, que por su extensión han acabado condicionando mi forma de ver las cosas, son fruto de mi relación con mi hermano, y por lo tanto, son adquiridas. La lectura, los cómics, el cine, incluso mi ideología. ¿Habría sido lo mismo sin su presencia? También mi pasión por la música nacía casi al mismo tiempo que una cinta grabada por un compañero de instituto se deslizada por mi radiocassette recién estrenado. De manera que profundizo un poco más, y descubro mi pasión por el mar y todo lo que rodea su mundo. O más determinante aún, mi necesidad por el ejercicio de las artes plásticas, sean cuales sean, Las manos son una cosa maravillosa, y, no importa el medio, siempre me he sentido necesitado de expresarme con ellas, aunque puede que todo ello sea una consecuencia directa de mi romanticismo y nostalgia auténtica, no siempre relacionada con los recuerdos o mi relación con el sexo opuesto. Ahora que vuelvo a ilustrar con brío, intento trasladar ese poso de autenticidad, y definir poco a poco el universo que soy. Que somos todos.

1 comentario:

  1. Pues con las palabras también te expresas genial.
    Grande.

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