1.2.10

Miss you Cebri



Son ya más de dos años sin él. Y todas las noches, desde entonces, la soledad ha sido un poco más insoportable para mí. Cuando pienso en su voz, en la forma en la que empecé a creer en esa máxima que decía la radio por el día, se oye, por la noche, se escucha siempre viene a mi mente mi viejo escritorio, mi flexo alumbrando algún libro de aquel 3º de BUP, mis horas intempestivas deslizándose a través de unas páginas no muy bien estudiadas, y mi fiel radiocassette de doble pletina heredado de mi hermano. Paulatinamente, a partir de las 12 de la noche, y hasta que mis párpados se daban por vencidos, la música de Nirvana o Queen daba paso a la magia de las ondas hertzianas. Era La Rosa de los Vientos, el programa que durante una gran etapa de mi vida, me hizo soñar con un mundo mejor, un mundo que mi adolescencia había idealizado, mucho antes que el desencanto se apoderara de la mayoría de mis principios. Cebrián y los suyos, siempre rodeados de una camaradería y un fraternalismo envidiables, se metían cada noche en tu propia habitación, proponiéndote un viaje a otras épocas, a otros mundos. Mientras te hablaban de historia, ciencia, literatura, ecología o cine, se convertían en tus compañeros, incluso en tus amigos. Juan Antonio Cebrián era un comunicador nato, un profesional apasionado, un humanista de nuestro tiempo, y finalmente, un colega. Nunca tuvo un mal gesto, una mala palabra, una salida de tono, incluso cuando se trataba de lidiar con personajillos como George W. Bush o Berlusconi, siempre lo hacía desde el humor y la diplomacia. En aquel mal momento, me salvó. Y a lo largo de los años, a lo largo de otros tantos malos momentos, él y sus compañeros fueron los oídos más fieles, aunque fuese yo el que los escuchaba fervientemente. El día que murió , lo recuerdo perfectamente, yo estaba en Murcia con M. Al enterarnos, tras unos minutos de incredulidad, los dos rompimos en lágrimas. Era la reacción natural al conocer el fallecimiento de un periodista, que con los años, se había convertido en amigo.

Es ahora, justo en estos momentos, cuando pienso en todo todo lo que perdimos nosotros, cuando él perdió su corazón. Aunque sé que su programa sigue en marcha, aunque sé que su mujer y sus amigos siguen haciendo un trabajo fantástico, yo no he podido volver a sintonizarlo. Su memoria sigue viva conmigo, y con millones de personas que como yo, le guardan un espacio en su corazón. Así que, esta noche, una cualquiera más en tu ausencia, gracias. Gracias por hacerme aprender, por invitarme a leer tantos libros, a ser más generoso, a esforzarme por ser mejor persona cada día, a cuidar de la naturaleza, a denunciar las injusticias. A luchar un poco más por las cosas en las que creo, y finalmente, a creer en mi. Seguimos echándote de menos.

1 comentario:

  1. Seguramente Cebrián no era consciente del amor que através de las ondas daba a todos sus oyentes. Seguro que ahora se encuentra en un lugar mejor en donde sigue regalando su corazón a aquellos que le rodean.

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