11.5.10



Quizás se trata de un un proceso tan sutil, tan subterráneo, que somos incapaces de vernos reflejarnos en él. Como una pareja con la que has convivido durante largo tiempo, cuyo envejecimiento es invisible a ojos vista, con la que compartes las arrugas y los amaneceres. Y ahora esas arrugas, ya no lo son nunca más, son grietas peligrosas que amenazan con quebrar una generación que se enferma sin estarlo, que no es dueña ni de su epitafio. Hemos limado asperezas, cierto, pero nos hemos pasado, y la superficie es tan suave que se siente incapaz de generar un mínimo de calor por rozamiento. Nos hemos contagiado sin remedio de esa facilidad innata para gestar dueños y necesidades vitales, presidimos las casas con pantallas planas de muchas pulgadas, facebook es al fuente principal de amor y la infancia se atrofia y consume por momentos. Supongo que ya no quemarán los libros como en años pasados porque llegado el momento, no será necesario.

1 comentario:

  1. Vida de plástico. Ni siquiera eso, plástico biodegradable.

    Montag ahora es espectador (calcinado).

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