24.5.10

02/11

Tampoco nadie entiende por qué sigo aquí, en esta feúcha estación ansiosa de abrazar tu presencia, esta estación tan gris, tan sucia. Apenas noto el frío hormigón de mi asiento, no hay sitio para otra cosa, un autobús morado, el luminoso de las llegadas, mi estómago se cierra, cantan les arribades, es un segundo, menos, un instante, se mezcla un mal reflejo con mi deseosa imaginación,  gente loca por abrazar, nada, falsa alarma, me recompongo, freno el imparable rubor de mis mejillas, espero un rato para que la sangre vuelva a sus correspondientes vasos y yo al frío hormigón. Hay algo escrito en mi bolsillo, tiembla la mano:

Y quizás algún día
pueda arder la lluvia,
enmudecer la música,
puedan pasar todas las eternidades
frente a mis ojos,
pero mi mente no podrá olvidar
la suavidad de tu sonrisa
ni mi corazón la melodía del tuyo
abriéndose paso
entre las noches más oscuras,
entre mis días enterrados,
allí donde mis palabras
y tus silencios
construyen de nuevo el cielo.


Es Noviembre.
Todos los días lo es.

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