8.7.10

No quiero que pienses que es mi dolor el que me ha hecho tan sensible al de los demás, aunque nadie podrá decir que no ha sido así. No soy médico, pero sí intento curarte a mi manera, si que lucho, si que me aguanto las lágrimas, y mientras el tiempo corre, unas veces demasiado rápido, otras con lentitud asfixiante, mi máscara se mantiene inamovible. No hay fotos, ni dibujos, las letras no me salen, pero seguro que no te importará que las coja prestadas, que te las dedique.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre sólo, una mujer
así, tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre, siempre, acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


El poema ya lo conoces, es de José Agustín Goytisolo. Confío en que entiendas que lo más importante es que no te olvides de quién eres Marieta (enfatiza tu nombre siempre que puedas).  Hace poco me dijeron algo hermoso, algo así como no niegues ese amor que sientes, te define tanto como tu nombre. Tú no te niegues nada, no te extingas. Por ti misma, sencillamente.

Y perdóname, si no sé decirte nada más.

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