29.6.11

foto de Jelena

Fue la primera vez que nuestros labios se rozaron, ya que ninguno besó al otro, sencillamente aceptamos el deseo con imperativa emergencia. Fue entonces cuando, con una certeza precisa y sublime, supe que había encontrado lo que buscaba. Y que nada podría cambiar aquel impúdico fruto, el tajo infinito del universo sobre nuestra carne. Te abrazaba, y yo sentía abrazar el mundo, con todo lo que contenía, todo lo que había sido, lo que sería, con sus océanos absolutos, el calor crepitante de la humanidad, aquellos que nacían, los que morían. El mundo entero cuya belleza se había encarnado en ti, en un nuevo génesis cuya pasión era violenta, cegadora, de una intensidad que yo supe, no me permitiría ninguna redención al cabo del día. Mi deseo era el definitivo anhelo de una humanidad irrenunciable.

3 comentarios:

  1. De este ya te puedes imaginar lo que pienso. Mendiga voz en silencio.

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  2. duele y al mismo tiempo sangra... un abrazo.

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