16.1.12

XVI

foto de Natacha


Cuando te escribí mi última carta,
ya sin nada que añadir,
ni para contarte nada
-no encontrarías lágrimas-
pues nada nuevo se me ocurre que contar

yo imaginaba
tus dedos buscando el lugar adecuado
donde penetrar el sobre
que con mi lengua había sellado,
tu mirada recorriendo suavemente las líneas de tinta
como si éstas pudieran llevarte
a un lugar mejor,
los recuerdos de muchas memorias
derramando el aroma
sobre tus manos,
que otra vez
tocaban mis manos
a través de un papel.

Tu piel se estaría posando
sobre la sombra de la mía.

Tu piel replicando de nuevo
una de mis caricias.


¿Ves?
Hay que ver
con qué poco
vuelve a casa
un exiliado.

3 comentarios:

  1. Sedoso, sublime, lento y suave como la piel. Esto: "tus dedos buscando el lugar adecuado | donde penetrar el sobre | que con mi lengua había sellado" es un mordisco en la espalda.

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  2. El final, el final es magistral, es un soplo de viento en el pelo.

    Todos hemos sido exilidados, todos hemos vuelto a casa sobre un recuerdo.

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