22.5.12

carreteras secundarias

foto: archivo Renfe



Los hijos del desarraigo
queremos encontrar la fe perdida
entre el polvo y los días,
entre las huellas
del mordisco desnudo
que es el pasado.

Los hijos del desarraigo,
que sólo sabemos perdurar
donde ya no hay nadie.

9 comentarios:

  1. ¿Y en el futuro, también?

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    1. El futuro es la eterna expectativa. Y el presente, la presa que se nos resiste.

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  2. Solo huéspedes anónimos que yacen donde el vértigo ciega sus excesos...o los otros, los que seducen sus fracasos con rabia.

    bsos

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  3. Perduramos en el vacío interno, justo donde menos nadies hay.

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  4. No puedo entender la fe en relación con el pasado sino afectado a un presente agradable.
    Hermosas palabras. Los hijos del desarraigo somos quienes mejor conocemos el arraigo y por eso podemos perdurar (persistir, permanecer, aguantar...) donde no hay nadie e incluso donde puede haber alguien más.

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    1. Qué cierto. Es raro de entender, sí. Pensaba en que las personas que sienten interés por su origen, por sus raíces, suelen ser las desarraigadas, las mismas que aparentemente no han dado con su lugar en el mundo. Me gustan las personas que rememoran su pasado. Que lo valoran como una pieza indisociable para con el presente.

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    2. A mí también me gustan esas personas, P. Yo creo que el desarraigo no tiene por qué referirse a lugares o espacios, también tiene que ver con la sangre, como tu bien dibujas, y en general con el universo de las emociones y los sentimientos. El tiempo es una suerte de trampa, o una entelequia. Hay que procurar hacerle trampas al tiempo porque el tiempo también es una trampa (esto lo repito a veces en lo que escribo). Pienso que de alguna forma todo es unitario y que la experiencia de una vida no se puede fragmentar en pasado-presente-futuro. Estas convenciones son necesarias para el lenguaje pero no funcionan tan claramente en nuestra cabeza. El tiempo (me gustaría poder entender algo de física cuántica) tiene mucho de incomprensible. Uno avanza y deja atrás muchas cosas, siente que cierra la puerta inevitable y definitivamente a pasajes, paisajes y personas mientras construye sus constantes y, por otra parte, va adquiriendo una perspectiva creciente que es global. Uno se va conociendo mejor y esa conciencia de uno mismo funde todo en la misma "cosa". Pasan los años y vamos cambiando, por fuera, por dentro, más, menos, pero curiosamente nuestra conciencia de nosostros mismos es en un punto inalterable.
      Es difícil de explicar (para mí al menos) pero lo grande de todo esto es que uno puede encontrar este tipo de tesis y preguntas en un poema, en una conversación frente a una puesta de sol de junio entre amigos, en la sonrisa de una persona querida y en el resto de cosas que merece la pena vivir y que funden las barreras entre pasado, presente y futuro.

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  5. "Los hijos del desarraigo, que sólo sabemos perdurar donde ya no hay nadie." Luego, mucho tiempo después caemos en cuenta de lo solos que estamos.

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