2.9.12

cuadro clínico





Nunca es un buen día
para 3 horas 

en sala de espera.
Para el desfile
de húmedas camillas,

y el sabor a vendajes.
Para el concierto
de puertas automáticas

y bocas torcidas.
Para esos semblantes ruborizados
por las lágrimas ajenas

quietos, mirando al suelo.
-porque quizás no hay otro lugar 
a donde mirar.-
Escuchando 
el llanto contenido
que reverbera,
que estrangula
el febril anonimato

de esta extraña reunión.


Entonces, por fin 
la madre de alguien
ofrece un pañuelo
al hijo de otra. 

Yo creo 
que en ese instante
lloró aún más.
Yo creo
hubiese jurado
que quiso abrazarla. 


6 comentarios:

  1. odio los hospitales, odio cada día y cada lágrima que me han arrancado

    un abrazo fuerte

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    1. Yo no los odio, pero ya sólo me recuerdan a una realidad trágica.

      Un abrazo de vuelta.

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  2. mi infancia fue el olor destilado de las paredes blancas y verdes de un hospital perdido en medio de una carretera.
    éstas letras han sido el breve recuerdo de todas las escenas que pude contemplar, de todo el temblor.

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  3. Delicioso y triste. Salvo un parto o la cura de algo, siempre son un desguace.

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  4. Yo no quiero estar en hospitales, salvo por nacimientos, sin embargo tampoco los odio. Tal vez porque fui muchas veces y casi siempre con buen final. No obstante hay algo límbico en la mayoría de gente que vive algo intenso en los hospitales que desnuda el alma. Algo así como la escena de tu poema.

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