30.4.13

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foto de Maticki



Me veía a mí mismo escondiéndome de tu nombre, como un perro asustado que evita la mano de un dueño cruel. Sin embargo, no habían pasado ni dos semanas desde el entierro cuando, quizás inconscientemente, mis pasos me llevaron hasta el puente de San Miguel. Apenas alcé la mirada, reconocí el imponente arco de hierro dulce. El color verde , los chorretones de óxido que vomitaba cada roblón. La barandilla, donde tantas veces te había sentado. Donde eran tus piernas rodeándome, mi lugar en el mundo. Tu cuello, la patria de todas mis razones. Y seguía igual. El puente no había cambiado. Era otro día más, de tantas otras efímeras despedidas, pero sin ti. No estabas ya. Te habías muerto.
Y quizás ingenuamente, amé más que nunca aquella estructura vieja y decrépita. Quizás estaba dando las gracias, no sé ni cómo ni a quién, de que esa masa de bruta materialidad, que podía tocar, mirar, besar, maldecir, escupir, aún diera fe, aún hoy representase la prueba innegable de que habías existido. Aunque la muerte o la enfermedad te arrancara para siempre de mi memoria, podría aquel espacio ser impertérrito testigo mudo de nuestra vida juntos. Retener la esencia de lo que habíamos hecho al precipitarnos a nuestro encuentro. Supurar la ingenua magia de un instante.

Pero no.

Era como un hechizo incompleto, que se sabe inútil siquiera antes de pronunciarse. Absorto, miré a mi alrededor, y sentí que también aquel lugar, al igual que yo, reclamaba a gritos su pedazo recién cercenado. Tu presencia. Un desgarro ensordecedor de tal fiereza, que no entendía cómo no podía alcanzar tus huesos fríos para devolverlos a donde pertenecían. Era aquel un dolor invisible y fantasma, como el de un miembro perdido, que nunca habría de encontrar paz.

6 comentarios:

  1. "Tu cuello, la patria de todas mis razones."
    Exquisito... todo el texto, llega.

    Un beso.

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  2. Todos los dolores invisibles y fantasmas nunca encontraran la paz... me conmueves P.

    Beso.

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  3. Impresiona, P. Palabras fluidas y suaves para describir sin embargo lo tremendo y la trascendencia que recuerda lo poco que somos. Tal vez no haya dolores más grandes que esos que son invisibles y fantasmas.
    (me llama la atención la elección de la imagen, la austeridad e iconografía que contiene)

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  4. De acuerdo con RH, contundente y cercano, como a pie de calle.

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  5. no sólo vuelves, sino que además lo haces con prosa. para que luego haya la típica excusa del folio en blanco. que no, que ya no nos lo creemos.

    precioso (las imágenes, las sensaciones, los colores, el frío. todo). felicidades.

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  6. "Era aquel un dolor invisible y fantasma, como el de un miembro perdido, que nunca habría de encontrar paz".

    Sólo puedo decir AY.

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