10.4.14

Erosión



carpaccio magazine



El tiempo avisa, 
y aun así
uno lo sabe traidor.

Lo hace 
con la contundencia de un púgil 
curtido en la lona, 
lo hace
con el olor a hospital
que reconoces tuyo
(es que nunca lo fue)  
con esta ciudad
en la que hace tiempo que no vives, pero
te mueres un poco
cada día -mientras andas resignado,
quizás con macilenta mueca-
y piensas, ahora sí
soy mucho menos yo
y más
el que voy a ser.

Avisa en voz baja, sibilino,
cuando te anestesian el llanto y 
la felicidad es entonces
una película de Wilder 
a las dos de la madrugada,
un claro entre las nubes. Todas esas risas que habitan 
en los hijos de otros.


Antes me decía 
que era muy joven
para estar triste. Cierto es.
Pero como suele ocurrir
el tiempo ofrece razones
cuando ya es demasiado tarde.



12 comentarios:

  1. arquitectas una especie de bypass de vino que se almizcla en los paralelos que de una lágrima estertoran música que merece en el grito, las huellas sobre la tierra, aunque duelan

    cuando un poema acompaña un desfiladero y lo fecunda, las palabras nos sobreviven

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  2. Dan igual los avisos, no aprendemos nunca.
    Duro.

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  3. has conseguido que yo también oliera a hospital y paseara por esa ciudad donde no vivo y viera a wilder a las dos de la madrugada, aunque en realidad estuviera delante de una pantalla. y si esto no es magia de la buena, yo ya no sé.
    un abrazo.

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  4. Si alguna vez fue temprano enseguida fue tarde. Terrible condena...

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  5. Decía Steinbeck que el tiempo es el único crítico sin ambición. Después están poemas como éste que lo confirman.

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  6. Siempre resulta interesante leerte.

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  7. Sin embargo esa erosión se convierte a veces en aliado porque, por ejemplo, el tiempo siempre es una recompensa para la honestidad.
    Al menos eso creo yo :)

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  8. hermoso pero devastador, como el paso del tiempo

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  9. Precioso, y ese final ha sido increíble.
    Saludos.

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  10. El tiempo nos erosiona y nos transforma.
    Y nunca más volvemos a ser quienes fuimos.

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  11. A mí me has erosionado el alma.
    Ojalá supiésemos cómo eludir las razones que nos conducen a la tristeza.
    Un besito.

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