29.6.15

fronteras


clare laude




Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar:
una resurrección, ninguna muerte.

-Ángel González




Las paredes de esta casa se elevan
allí donde no alcanza tu ausencia:
Tal es su enormidad.

Lidiar toca cada día
con el exceso
de aire contenido,
con el frío suelo
dispuesto a juzgar
el paso derrotado
el recuerdo
perfecto, sin mácula
—todo falso recuerdo lo es—
de unos hijos alborotando
el pasillo, desterrando
la puntual distancia que separa
el olvido
del escombro.

Entonces, y si el ánimo lo requiere
propongo a la noche
un simulacro
                         —simulacro de amor—
y es cuando
veo dos platos
o cinco
en la mesa, y las puertas
que ya se quejan
de tanto bandazo, alboroto
y a punto estoy de preguntar
¿te ha gustado? ¿querrás repetir?
porque tanto apremia el deseo frustrado
mientras vuelvo al mantel individual
y confieso en silencio:
sí, seguramente
es la soledad
la más cruel fábrica de ilusiones.



Acaba la jornada
con gran demora,
ya se sabe,
la madrugada
debería siempre
crecer amable.
Mañana será otro día. Y quizás eso
sea lo que más me aterre.

3 comentarios:

  1. el final es impresionante, compartimos miedo...

    un abrazo!

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  2. "....desterrando la puntual distancia que separa el olvido del escombro...", maldita sea, es excelente, todo...
    Por una parte es la facultad de contarlo, por otra, la asombrosa capacidad de vivir eso y creer en eso, en la resurrección permanente... en esa "ninguna muerte".

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  3. Arrancas todo y aquí queda, para que lo observemos y no sepamos qué añadir.

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