24.6.15

a piedra y hueso

nathan careme





Visceral por amor tú eres.

Y a las vísceras me remito
niño enfermo,
a la lealtad de un estómago doliente,
enrojecido y nervioso,
testigo de una historia hermosa
como la caricia
aún por llegar.

No te engañes
ni llores más, niño;
sabes que la fragilidad no se revela
hasta que llega la fractura,
sabes
que sospechar debes
de la ausencia de grito,
de la altivez de este invierno
insaciable y perpetuo.


Decías hace un rato
que ya no crees en nada,
que hace tiempo
apuntó la bella grieta de tu herida
hacia el cariño ausente,
aquella vez que arrasaron con la palabra
tu amado panteón
de ígneas promesas.

No importa.
Hazlo.
Por favor.
Sencillamente.
Ten fe.
Aunque sólo sea en la honestidad
que posee la carne
de un animal herido.





5 comentarios:

  1. Excesiva es la carencia...

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  2. A veces no es sólo cuestión de que uno crea, si no también que otros crean en él. Buena indagación de dichas impresiones.

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  3. Joder. Y no puedo decir mucho más. Joder.

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  4. La palabra poética, el amor y la inocencia están teñidos de sangre, marcados por la enfermedad. Una vez me dijeron que quien sabe escribir debe dejar el rastro de sus vísceras en el poema (y las del poema en la piel). Esto es, sin duda, lo que encuentro en tu poema.

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