7.3.16

  



  El pasado viernes día cuatro de marzo tuve la oportunidad de presentar mis versos en Barcelona junto a Clara C. Scribá, en un lugar precioso como es la librería Laie del CCCB. Hacía mucho tiempo que deseaba volver a esta ciudad con Cronología del óxido, al lugar donde tantas cosas salieron bien, donde di forma a muchos de los poemas que pueblan esas páginas. Allí, al acabar el recital del pasado viernes, apenas pude contener la emoción al verme tan bien acompañado por todas las personas que, de un modo u otro, me acogieron durante aquel 2012 y 2013. Y no por casualidad es ahora cuando se cumplen tres años de mi estancia en la ciudad condal, y quizás es por eso que me invade la sensación de estar cerrando una etapa llena de alegrías, cuyo resumen tal vez encuentre respuesta precisamente en uno de los poemas que, gracias a María Sotomayor, ahora sobre papel descansan.

A los que se dan mucho:
Que no por ello
queden faltos
de sí mismos

que nunca es tarde
para pertenecerse
de nuevo.

   
  Durante los últimos tiempos ha sido muy poco el esfuerzo que he dedicado a la poesía, ya que siempre he considerado que mi producción vive supeditada a los rigores del ánimo e inclemencias del corazón. Aquellos primeros meses en Barcelona, meses duros en los que las horas en soledad se vieron tristemente multiplicadas, fueron realmente productivos, y muy posiblemente los poemas más elaborados del libro los firmara allí. Me quiero quedar con el recuerdo de esa primavera que tantas cosas cambió, y con la promesa de volver allí muy pronto, quién sabe si para quedarme. 



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