23.8.16

Plurales - Clara C. Scribá





Plurales es un primer poemario. Existe cierta predisposición en el panorama poético a tratar este aspecto con tendenciosidad. Sin embargo, este hecho en realidad exime de muy poca cosa a los ojos del aficionado obcecado. Más importante en Plurales es, sin embargo, la clarividencia de sus virtudes, el esfuerzo palpable en pos de una voz propia que, todos sabemos, tarda mucho en llegar. Porque esta obra de la madrileña Clara C. Scribá, ofrece una colección compacta, granítica de poemas, como no es tan habitual contemplar en la estantería de novedades.  

Dividido su contenido en 3+1 partes, el lector no encontrará esta ordenación en absoluto frívola o impostada. Todo lo contrario, no sólo ejemplifica el aliento colectivo de sus pretensiones, sino la disciplina, la férrea sistematización de los impulsos poéticos de la autora, la vocación estructuralista de las emociones más primarias.

Y sin embargo, no hay atisbo de pretenciosidad. Los versos de Clara buscan incansablemente el hueso, ya desprovisto de carne muerta, de cartílago. Sólo en ciertos momentos Plurales traerá a nuestra memoria la tradición de Cernuda o Aleixandre, pero apenas desbaratando el discurso principal, que es esa búsqueda de identidad a través de los vestigios del apego, la realidad amorosa y el desencuentro. Especialmente éste último, que actúa como buque insignia en muchos de los poemas: Hacerse una jaula de hierro/ en las entrañas y matar/ los deseos uno a uno/ cada noche.
Tanto en la primera parte (1ª persona del plural) como la segunda (2ªpersona del plural) se aprecia una homogeneidad que propicia la rápida, agradable lectura. Algunos de los lugares comunes son identificados y puestos en cuarentena. Otros, son asaltados con la suficiente contundencia: He dejado/ de lamerme las heridas/ y ya ni siquiera/ hay nada que lamer.

Llega entonces la tercera persona del plural. Encontramos en este último tercio del volumen algunos pasajes de mal llamado carácter social, deseosos por dejar atrás la pátina de ingenuidad habitual en esas lides. Y es aquí donde se hace más evidente el talento lírico de la autora, ya que se eleva por encima de una denuncia de cierta bisoñez. Pero el andamiaje en la poesía de Plurales es resistente, e incluso aquí, en la zona de alto riesgo del poemario, se descubre con esos detalles de la lucidez propia del buen poeta: Contar con tiempo,/ para vivir/ no es vivir.

Clara termina con cuatro poemas que parecen obedecer a la intertextualidad bien entendida y que se alzan con porte orgulloso, pues demuestran la confianza, el total control de las aptitudes de su autora. Es por eso que huyen de la timidez, creando un punto y final con subrayado incluido, reflejando en sus versos las manías y bondades que tiene este debut poético: Quiero/ no ser viva/ quiero/ ser arte/ estar en el arte/ no ser artística/ no ser artista/ ni siquiera belleza.


El deseo de trascendencia a través de la profundidad y el lenguaje empapa la lectura de Plurales. Sí, el amor es vehicular en sus intenciones. Pero un amor que apunta, por encima de todo, a la palabra misma.

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