23.2.17

noches rotas, flores dobladas



Antes, escribía cuando estaba triste, 
y recuerdo haberlo estado a menudo.

Ahora, ni siquiera esa excusa me alcanza. 
La soledad intrínseca a mi naturaleza ha devorado todo atisbo de léxico y voz, si es que alguna vez lo hubo. 
Observo el día a día desde un limbo situado a medio camino entre mi profundo desprecio por la realidad, y el amor que siento por la vida, por la posibilidad de ella.

Es agotadora la belicosidad que hallo en ese intersticio, en esa hendidura a la que nadie ha de acudir. 
Me viene Pizarnik a la cabeza:


          Los que llegan no me encuentran, 
          los que espero ya no existen.


Las noches magnifican con cruel virulencia todo lo extinguido. Erosionan. 

Tanto.

2 comentarios:

- +