17.5.17

arquitectura

Jules Frederic Ballavoine



No sé cómo
qué mano precisa
moldeó todos esos espacios
que poseen los cuerpos
para albergar la culpa.
Espacios donde descansa
tan perfectamente custodiada
que uno no podría imaginarlos
nunca
jamás
recibiendo besos
o caricias.

Mira
observa esa región
a medio camino entre
los párpados
y el borde supraorbitario.
O también
la fosa clavicular
—fosa sin duda—
que amenaza
la dignidad del cuello.
Fíjate ahí
bajo el esternón
donde se extiende la noche
la obstinada plegaria.
Sí, en las falanges
temblorosas
donde se consuma el rechazo.

¿No lo ves tú también?

Esta carne es así:
un templo abandonado
que un día
conquistarán las flores.

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