5.9.17

cómo te quise

Gerry Cranham, 1939




—¿Queda algo
de aquello que nos unió?—
te pregunté en el aeropuerto.
Tú volabas a Argentina
mi parada era Nueva York
—No lo creo— respondiste.
—Yo tampoco— me protegí.
Y entonces,
después de darnos la espalda
quizá por última vez
pensé en todas las cosas
que nunca te dije,
en todo el peso inerte
de las palabras
que con facilidad se me derraman
y no sé cómo limpiar.

Pensé
que siempre quedaría tiempo
para otros adioses porque,
sinceramente,
no me hubiese importado sacar la fregona de nuevo,
girarme
y gritar tu nombre
allí en medio,
ante la mirada estupefacta de todas las personas
que me importan mucho menos que tú.
Gritar tu nombre para decirte
—más bien confesar—
que sigo conservando un paraje
donde nuestro instante
(nuestro digo, ni tuyo ni mío)
aún mantiene a raya
la finitud del cariño.
Un lugar
que haces pequeño
donde aún te llamo amigo,
y donde reza un cartel
aquí
        se prohíbe sangrar.

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