24.2.08

Blankets

A pesar de haber sido un devorador de cómics empedernido, en especial durante mi adolescencia (y en realidad durante toda mi vida), desde hace unos años me siento un ignorante en el mundillo. Apenas dispongo del tiempo necesario para hacerse una idea global de lo que se está editando, de lo que vale la pena y lo que no. Y es que nunca he sido muy amigo de la compra “a la aventura” pues perder los ecus no mola, y menos aún perder el tiempo. O más sencillo: Quizás ya no me gusten como antes.

Muchas lecturas olvidables, mucha mediocridad, pastiches góticos con olor a rancio y metafísica post-adolescente de tercera división me han quitado el apetito y minado mi entusiasmo.

Es por eso que, egoístamente, me dejo aconsejar por coleguillas más enterados que yo, y que me conocen bien. Así, cuando me sueltan el cuento de “Creo que deberías echarle un vistazo a esto” no lo dudo ni por un momento. De esta manera, y gracias a la generosidad de una persona, Blankets llegó a mis manos.

Las novelas gráficas que realmente llegan al lector, que traspasan la frontera del olvido para acomodarse en el subconsciente, (cuyo simple recuerdo aflora en un instante, y suscita el escalofrío), forman un grupo muy muy reducido. Ahora mismo vienen a mi memoria títulos como Watchmen, Maus o Corto Maltés, obras que forman parte de ese grupo con todas las de la ley.

Por eso hay que considerarse afortunado cuando algo como Blankets ingresa en tan exclusivo club de una manera tan rotunda y genial.

Hace unos meses me sentí ligeramente decepcionado con Adios Chunky Rice, primera novela gráfica de Craig Thompson.. Encontré en ella ingredientes muy interesantes y mejores intenciones, pero su fuerza narrativa no terminó de arrastrarme al interior de sus páginas.

Blankets, sin embargo, conteniendo prácticamente la misma materia prima, resulta perfecto. Y digo perfecto, porque es una obra plena, de las pocas donde dibujo, narración y diálogos se mezclan en exactas proporciones. Thompson se vale de una grandísima sabiduría compositiva, y de una sinceridad de las que hacen daño para contarnos una historia personalísima, y a la vez (y esto es lo que la convierte en una obra maestra) universal: El paso de la niñez a la adolescencia, la sombra de los miedos que nacen con ésta. El descubrimiento del primer amor, y el consiguiente sentimiento de pérdida. Los conflictos morales y religiosos que generan más preguntas que respuestas... y todo acompañado de un dibujo exquisito, sobrio, que deja entrever las influencias para hacerlas suyas automáticamente, que llena la obra de momentos de una intensidad lírica que verdaderamente emociona, y sin embargo, no manipula.

Blankets es la prueba (¡otra más!) fehaciente de que el cómic es un formato tan válido como cualquier otro para contar grandes y pequeñas historias. Incluso puede que mejor. Los que aún no lo reconozcan, bueno, ya saben por donde pueden empezar.

14.2.08


Tenía la firme intención de no inaugurar el blog hasta que tuviera algo que decir. Pero como eso podría prolongarse más de lo debido, ayer decidí publicar una vieja entrada de mi galería de deviantArt, bastante olvidada últimamente. Aunque fuese tan sólo por establecer un vínculo entre ambas, o para romper con el siempre desafiante espacio vacío de la página principal. Hasta hace unos meses, utilizaba aquella plataforma no sólo para mis ilustraciones, sino para una suerte de blog algo improvisado.

Desafortunadamente no es el formato más apropiado para un escribir un diario de forma atropellada. Así que mi primera incursión en el mundo de los blogs tiene el propósito de almacenar de forma (in)coherente mis fotografías, textos, ilustraciones y otras chucherías intrascendentes de forma conjunta, que es lo que siempre he querido. Creo que éste espacio es un hábitat más natural para ellas.

Veremos cuanto construimos.

Los Espacios Vacíos



A menudo pensaba que una palabra podía evitarle la muerte. Tan sólo debía valorar "quien", y eso era algo que tenía perfectamente claro. Pero cuando llegó la hora, sencillamente no pasó nada. Los áridos momentos de espera habían acelerado su corazón de tal forma, que tuvo que esforzarse al máximo para evitar un desmayo. Susurró con cariño sinceras palabras al enrojecido músculo, entre ellas algunas tan hermosas como pronto, o . Lo que pasó después no es digno de mención.

Durante su vida, llegaron más horas, más minutos y segundos. Más momentos adecuados, porque ¿Qué momento no es el adecuado cuando pretendes que te salven la vida?

Y con el correr del tiempo, el claro estigma de la derrota se impuso en aquel desafortunado rostro. Una tarde de verano sacó unas tijeras, y recortó el mapa de aquella ciudad gris a su antojo. Fascinado por la destrucción de aquellas calles, tan sólo tuvo que ordenarlas de la forma correcta.


Todo sería más fácil
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