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| foto de Ilayda |
Recuerdo
que entonces
todo ardía.
Que ansiábamos
la pequeña muerte
la pequeña muerte
que moraba en las entrañas,
habitar la grieta
donde huella y uñas
donde huella y uñas
marcan el
camino
hacia nuestra condición
hacia nuestra condición
irrenunciable.
Allí, donde el tajo infinito del universo
desterraba el asco.
Allí
en la
humedad del adentro
donde las
mentiras del mundo
naufragan,
naufragan,
resonando huecas
viejas
lejanas
lejanas
víctimas de un incendio
en crepitante pulso,
de un desgarro
elaborado y tejido
elaborado y tejido
donde temerosos buscamos
el corazón
arrebatado
de lo que es cierto
y hermoso.
y hermoso.
De lo que creímos
era inmortal.
