8.8.12

Mordaza

foto de Ilayda


Recuerdo que entonces
todo ardía.

Que ansiábamos 
la pequeña muerte
que moraba en las entrañas,
habitar la grieta 
donde huella y uñas
marcan el camino
hacia nuestra condición 
irrenunciable.

Allí, donde el tajo infinito del universo
desterraba el asco.

Allí 

en la humedad del adentro
donde las mentiras del mundo 
naufragan,
resonando huecas
viejas
lejanas
víctimas de un incendio
en crepitante pulso,
de un desgarro 
elaborado y tejido
donde temerosos buscamos
el corazón arrebatado
de lo que es cierto 
y hermoso.

De lo que creímos
era inmortal.
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