20.6.12

La soledad de las aceras


foto de laura





Es la debilidad que tengo
por las personas tristes,
de esas con tendencia
a sangrar por la nariz,
de mirada huesuda y perdida
y bocas que tiemblan acostumbradas
a las tormentas de hielo.
Por las enfermas y heridas
de estoico andamiaje construido
alrededor de sus ruinas.
Por las que son más por lo perdido
que por lo poco
que una vez fueron.
Por las que encontraron su prisión en
la piel abierta de un labio
y en los pliegues y arrugas 
de una cama extraña.
Y por las que encontraron su oficio
en las páginas vacías de un cuaderno
y en la distancia
de los cuerpos.

Por esas.

O no sé.

O quizás sólo es que no me fío
de las que nunca han tenido que recoger
su corazón del suelo.

13.6.12

El incendio que te obligó a vivir en el suelo

foto de daniel


Heridas como estaban de muerte
todas las cosas hermosas,
no quedaba refugio
ni alma
más allá del armisticio que prometía
una pausa interminable 
entre tus piernas.

Nos entregamos
como quien devuelve
la correspondencia pasada,
como quien ofrece
invitación
a entierro ajeno,
todo por saber
amiga, no es posible
evitar la vida
por mucho tiempo,
dejar la sangre y los huesos
de un lado.

Ahora es vivir
tejiendo con lo que no dijimos
una manta para los sueños,
memorizar
con las yemas de los dedos
los tajos cicatrizados.

Lo sabes,
la ausencia no devuelve
las fichas de esta apuesta.

Hoy
pajaritos de frágiles sienes lamentan
la tragedia de sobrevivir,
lloran 
por el humo que habita 
sus osarios vacíos.
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