30.4.08

Garabatos

Me siento un patriota de mi propia memoria, porque todo lo demás que llevo conmigo es puro desarraigo. Hacia ti. Y hacia ti también. Tareas a medias. Libretas pulcras, sin mácula.

No podrán decir que haya sido alguien poco aseado. No he dejado mancha. Tan sólo garabatos. Uno grande, ilegible, imperturbable. Una línea pegada a la sombra de mi bolígrafo.

Por una vez en la vida, quisiera levantar la punta del papel.


Me encanta la palabra Garabato. Casi tanto como Pollock.


Cuadro: Jackson Pollock - Lavender Mist

Cenizas

El espacio en el que compartíamos todo se hizo tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño, que ya no había sitio ni para que las yemas de mis dedos pudieran aferrarse.

La caída fue precisa, instintiva. Sin ira.

Y el suelo aún no ha salido a mi encuentro. Sigo soñando con hojas secas, madera húmeda y cenizas.




Cuadro: Edvard Much - Ashes

27.4.08

Son por cosas como ésta por las que se te perdona todo: Tu look de metrosexual de barrio, tus conciertos en chancletas, e incluso que hayas grabado una canción con el sonrojante título de With your arms around your love.

26.4.08

Nunca he sido un gran lector de literatura fantástica. Por lo menos, de la que se entiende por fantástica hoy en día. Soy uno de esos herejes que no soporta a Tolkien, y en mi vida he leído una sola página de Dragonlance. Si, es cierto, durante mucho tiempo seguí religiosamente la obra de un tal Howard, y me atrevería a decir que libros de Marion Zimmer Bradley o Ursula K. Le Guin están entre mis preferidos (y nadie dudará de que son inequívocamente libros de fantasía) pero no dejan de ser contadas excepciones.

Hace poco lo intentaba con Michael Moorcock, después de muchas opiniones favorables sobre el archiconocido Elric de Melniboné. La decepción fue mayúscula, y me costó acabar el primero de los tomos.


Afortunadamente existe George RR Martin.


La mayoría lo conoceréis por su saga Canción de Hielo y Fuego, si bien tiene en su haber otras joyas como por ejemplo Muerte de la Luz (lectura 100% recomendable) o Los Viajes de Tuf, por citar algunas. Martin ha hecho correr ríos de tinta desde que publicara la primera parte de su épica canción, Juego de Tronos, una novela cuasi perfecta, tremendamente adictiva y perfectamente estructurada, donde el autor se muestra en plena forma. Intrigas palaciegas, grandes Casas conspirando entre sí, guerra, sexo, lobos gigantes y una magia que pugna por volver en un mundo medieval, deudor de la guerra de las dos rosas.


Pero son los personajes, es el tratamiento que le da a Martin a cada uno de los cientos (literalmente) de actores lo que eleva esta saga a cotas de calidad impensables. Cada uno perfectamente definido, capaces de lo peor y lo mejor, alejados de cualquier concepción maniquea (Quizás la excepción la encarne Jon Nieve, que no deja de ser un héroe prototipo) y protagonistas de una narración tan efectista como genial y adictiva.


El caso es que hace un par de meses devoré la esperadísima cuarta parte, Festín de Cuervos. Y me cuesta decirlo, pero siento una pequeña, ínfima, apenas apreciable, decepción. Después de la apoteósica Tormenta de Espadas, tercera parte de la saga que muchos se apresuran a calificar como la mejor (entre los que me incluyo) era lógico esperar un bajón en las revoluciones. No se puede perpetuar el clímax, y evidentemente esta saga debe fluir como una montaña rusa. Pero no es ese el defecto. Por primera vez da la impresión de que Martin se alarga innecesariamente. De que algunas tramas no van a ningún lado, o sencillamente resultan muy dispersas. A estas alturas de la película todo debería estar atado y bien atado para una resolución final, pero no es esa la sensación al acabar Festín. El golpe de efecto no es un recurso del que se deba abusar, y no quisiera insinuar que la mejor cualidad de la saga de Martin es que engancha como una condenada. Tiene muchas más. Festín de Cuervos esta tan bien escrita como las demás, posee momentazos como los que protagonizan la casa de Dorne, pero da la ligera sensación de que la cosa se le va de las manos.

Veremos que pasa con Danza de Dragones y con el amigo Jon Nieve (en Festín de Cuervos sólo se relatan los hechos que versan sobre lo que ocurre en Desembarco del Rey) aunque la espera promete ser una tortura.

25.4.08

Cuando me perdí en mi reino, no hubo testigos.

Nadie tuvo nada que decir.


Soy el único habitante de un castillo exorcizado innumerables veces, por el que no pasa el tiempo. Las paredes no están desconchadas, y huele a mil fragancias distintas, pero todas familiares.

Y si quieres, te dejo un ramo cada día donde me digas. Es igual, lo haré de todas formas. Yo soy así.


¿Sabías que una planta al crecer puede resquebrajar el asfalto? Por eso con el amor no basta.

20.4.08

El Beso

El beso de Much no es delicado, como el de Klimt. Es oscuro y áspero. Crudo y sexual. De sensaciones primarias a ratos, pero que rezuma una tristeza que golpea el lienzo con fuerza.

El beso de Munch es un beso de despedida, de los que borran a brochazos todos los anteriores. De los que merecemos por derecho.

No es agradable experimentarlo.

Quedarnos sin él, mucho peor.



"Mi pintura es en realidad una confesión hecha por mi propio albedrío, un intento de aclararme a mí mismo mi concepto de vida... En el fondo, no es sino una especie de egoísmo, pero no quisiera perder la esperanza de que pudiera ayudar a otros a alcanzar claridad sobre sí mismos"

19.4.08

Siglos bajo los pies

Lo que más me fascina de la fotografía es su capacidad de inmortalizar sensaciones. Mas allá del atractivo formal y prefabricado, de la belleza. Hablo de esa cosa rara, intangible y abstracta, que es el momento irrepetible.


Esta es otra vaga intención de alcanzarlo. Aún así, de mis fotografías preferidas.

11.4.08

Down I





Supongo que esto de aquí arriba refleja las últimas semanas que he tenido. Ahora me siento un poco mejor.

Por alguna razón, cuando estoy con una ilustración pongo el repeat en el Winamp. Esta vez le ha tocado a Joy Division y su tema Dead Souls.

8.4.08

Deep

Muchas de mis ilustraciones son impulsivas. Quiero decir que intentan expresar algo, pero la mayoría de las veces no existe una reflexión previa. Parecen comandadas por mi subconsciente, de tal manera que pasan los días, y aún no sé que demonios intentaba decir. Eso me pasó con ésta misma, y que espero rehacer en breve:


La ilustración es mi forma particular de sacar la podredumbre del alma hacia fuera. Me considero torpe al expresar mis sentimientos de otras formas, rasgo que me ha causado más de un dolor de cabeza. Ahora, en horas intempestivas en las que el sueño no vence, siento esa necesidad de ver las formas que se pasean por mi cabeza, reflejadas en la pantalla, en un papel, o en la servilleta del bar.

Suelo remitirme a menudo a las reflexiones de Edvard Much, pintor que con el tiempo se ha convertido en mi favorito, (no sólo por su obra, sino por su manera de enfocar la pintura y la misma existencia) para explicar a las mías propias:

“Lo que ha arruinado el arte moderno es el comercio, el exigir que los cuadros queden bien una vez se cuelgan en la pared… no se pinta por el deseo de pintar… o con la intención de contar una historia. No se pinta con el corazón”

Para mi es hermoso pensar que siempre hay una historia que ofrecer, que contar. Un modo honrado, honesto y sincero de expresarse. Algo que mitigue esa fuente de problemas que inunda el mundo en el que vivimos, que es la falta de comunicación.

Puede que Munch no sólo vomitara su pánico en El Grito. Quizás también fue un acto de rara generosidad al querer compartir ese miedo. En realidad no tengo ni idea, son sólo vagas elucubraciones. Pero me gusta la idea de que alguien, a miles de kilómetros, siente lo mismo que yo cuando ve, por ejemplo, esto:


O cuando escucha a Mozart, o cuando ve una película de Miyazaki. O sencillamente al leer a Corto Maltés. Quiero pensar que el arte no sólo es un ejercicio egocéntrico y onanista que vale mucha pasta. Quiero pensar que posee ese poder altruista del que hablaba Picasso. Que mejora un poco este mundo tan podrido.



Cuadro: Edvard Munch - Vampire

5.4.08

Woman of Ireland


Me llevaré melodías allí donde los recuerdos pierden mi rastro.

Entonces, duerme

Mira que no soy devoto del rock patrio, pero reconozco que Los Enemigos fueron muy grandes. Incluso cuando hacían versiones, como ésta del tema original de Rosendo.

Suena la orquesta, sube el telón
y ya no puedo esconderme
nada se pierde y si le pones calor
quiero que sueñes conmigo
que sueñes conmigo.
No me molesta, hay un rincón
donde sabré defenderme
entonces duerme y si te sientes mejor
quiero que sueñes conmigo
que sueñes conmigo.

Vas a la fiesta, qué decepción
no me tomabas en serio
entre los dedos se escapó lo mejor
quiero que sueñes conmigo
que sueñes conmigo.

Ya no hay respuesta, sólo tú y yo
no queda nada por medio
cruza tu frente alguna buena canción
quiero que sueñes conmigo
que sueñes conmigo.

La letra, en su aparente simpleza, me parece de lo mejor que he oído en español.



4.4.08

Si me preguntaran porque siento fascinación por las bicicletas, no sabría que responder. Probablemente la razón más sencilla es la más correcta: Voy en bici porque soy más feliz que cuando no lo hago. Porque siento que podría recorrer kilómetros sin cesar, solos la máquina y su motor. Es cierto, existen razones prácticas, o de respeto con el medio ambiente. Pero no son comparables a la complicidad que se establece entre esas dos ruedas y su dueño.


En Octubre espero realizar el Camino de Santiago, un viaje que llevo preparando prácticamente un año. Y lo voy a hacer solo, así lo deseo. Aunque si quisiera ir acompañado, la cosa estaría chunga, ya que no conozco a nadie dispuesto a mantener el culo sobre el sillín durante 14 días, para recorrer 800 km.

El porqué lo quiero hacer no lo tengo claro. He llegado a la conclusión de que cuando alcance mi destino, sabré la razón, pero no hasta entonces. No soy creyente, aunque me interesa empaparme de la herencia cristiana y pagana que recorre la historia del Camino, de sus gentes y cultura. Tampoco me lo tomo como una prueba deportiva, o un acto de superación personal. Quizás un reto, pero no físico, desde luego. Y es que en los últimos meses se han evaporado muchas de las ilusiones vitales que tenía. Espero que esta no falle.

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