Era una apuesta de futuro, me dijeron, sembrada en el presente.
Las más valiosas semillas, las mejores -y más caras-, en las que gastó hasta la última moneda, brillaban al contacto con el sol de verano. La tierra, espesa, fértil, deseosa de colarse entre los dedos húmedos, se encontraba dispuesta.
“¡Cómo abrazaba los brotes y los empujaba hacia las nubes! ¡Como bebía del agua, con el ansia de un vampiro, y la hacía desaparecer!”
Él sonreía bajo el ala de su sombrero, con profundo agradecimiento. Antes de dormir, siempre se asomaba por el ventanal para observar que todo estaba en orden, confiando en que al día siguiente seguiría igual. Igual, pero mejor. (...)
La apuesta salió mal, oí decir a las gentes de por allí, unos años después.
-Una granizada, terrible, que asoló el campo- escuché en algún momento, sin prestar mucha atención.(...)
Pero lo cierto es que se trataba de unas semillas tan hambrientas, que dejaron poco a poco seca a la tierra, minando su vitalidad, incapaz de albergar nunca más algo que no fuese una pena inútil.
Ahora todo lo que queda allí es un erial salpicado de pequeñas rocas, de un intenso color dorado, por el que paseo de vez en cuando.
Es un lugar muerto, pero hermoso y agradable.
Una de esas personas que me alegro que se haya cruzado en mi vida, con esa rara capacidad de transmitir buen humor a los que la rodean, con quien es un placer tomar unas cervezas. Espero que te vaya tan bien como mereces por Santiago. (al final no esta tan mal la foto, ¿no crees?)





