Éste es el resultado del meme discográfico que he descubierto en el blog de CisneNegro. Se trata, básicamente, de componer la portada de un disco por medio de elementos totalmente aleatorios. Aquí tenéis las sencillas instrucciones. La verdad es que es divertidísimo, animaos!
Ésta es la que le ha salido a él:
Y aquí tenéis la mía:
Grupo: Imaizumi's Horseshoe Bat
Álbum: Lips of Dying Men
¿Que música puede hacer esta gente? Yo diría que un pop-rock francamente indie, con toques electrónicos, y muy influenciado por el shoegaze inglés y cualquier cosa que venga de Islandia. Muy ambiental y vanguardista. Seguramente con uno o varios componentes orientales. Aunque conservan sus raíces, ojo. Se dice que Yann Tiersen ha metido mano en la producción de alguno de sus temas.
Falta la confirmación para el FIB de ambos grupos.
Muchos descubrimientos musicales esta semana, algunos de lo más jugosos. Para empezar, un grupo llamado Silversun Pickups. Una agrupación indie que al parecer ha alcanzado cierta fama fuera de los círculos underground. Lo cierto es que los he descubierto gracias a sus portadas, una razón de lo más inteligente, por supuesto. ¿A que suenan? Pues a ratos diría que a Nirvana, otras veces a mis adorados Lush, o a My Bloody Valentine, y casi siempre a Smashing Pumpkins. Pero por encima de todo suenan a ellos mismos, un logro asombroso teniendo en cuenta que no inventan nada (ni falta que hace). Si alguien pensaba que el rock alternativo estaba muerto, se va a llevar una agradable sorpresa, en forma de melodías exquisitas, honestidad a patadas, distorsión y una de esas voces que se clavan dentro, muy dentro. Por favor, no les perdáis de vista, porque estos californianos bien podrían encabezar un movimiento como el surgido en seattle en los años 90’. Talento no les falta.
Luego están unos suecos llamados H.E.A.T., que son lo más parecido que puede existir a un túnel del tiempo, directo a los 80’. El AOR y el hard rock no son precisamente estilos que cuadren en mis gustos. Puedo escuchar algunas cosillas, pero con reservas. Sin embargo, no es exagerado pensar que el debut de estos señores está, como poco, a la altura de los mejores discos de Journey, Bon Jovi o Def Leppard. El álbum parece un greatests hits, cualquier tema suena a single, repasando todos y cada uno de los clichés del género con una soltura sorprendente. La voz, por supuesto, acompaña perfectamente al delirio guitarrero, en el más puro estilo mojabragas de David Coverdale.
Clásico automático.
Y luego están Lush. Que puedo decir de Lush. Un grupo de pop-rock que conquistó con tanta facilidad a un consumidor irredento de metal gótico y oscuro, bien merece una mención en mi blog.
A la mayoría no os sonarán (bueno, a algunos sí) y eso hay que remediarlo. Lush encabezaron junto con My Bloody Valentine, Ride y Slowdive el llamado movimiento shoegazing, que venía a enriquecer ese momento musical tan maravilloso que fueron los primeros años 90’. Guitarras repletas de efectos, murallas de distorsión y una alquimia perfecta entre las voces de Emma y Miki, sólo comparable a la que formaron el fallecido Layne Staley y Jerry Cantrell en Alice in Chains.
Lush tenían además esa facilidad natural para pasar de la más alegre de las melodías, a la íntima tristeza de los acordes acuosos y cristalinos, marca de la casa. Capaces de firmar rotundos singles como Single Girl o 500, que por alguna extrañísima razón, no acabaron sonando en todo el mundo.
Uno de los grupos a los que más cariño tengo. Únicos.
Y para acabar, Goodness. Una de las pocas formaciones grunges (nunca odiaré lo suficiente semejante etiqueta) encabezadas por una mujer, la señorita Carrie Akre. Para que la gente se haga una idea, su calidad es inversamente proporcional a su popularidad. Rock sin complejos, bien ejecutado, vitalista (muy al contrario que sus compañeros de fatigas) y os aseguro que mucho más potable que el 90% del que se produce hoy por hoy. Si les dais una oportunidad, os vais a sentir sobradamente recompensados.
A ver si tengo tiempo de ir a la playa, porque hace un calor de mil demonios.
3.6.08
-Cuéntame un cuento. Que sea triste. Y que sea corto.
-¿Por qué triste?- Preguntó mientras se consumía el cigarro entre sus labios cortados. Los gruesos guantes de piel manejaban torpemente el paquete de tabaco, arrugándolo, al tiempo que lo introducía en uno de los numerosos bolsillos de la chaqueta.
-Porque me sentiré mejor.
-¿Y por qué corto?
Sus ojos eran unas cuencas oscuras, donde apenas se adivinaban dos alfileres azules, y entre todos los ropajes del equipo, parecía más menudo aún de lo que era.
-Porque no queda mucho tiempo.
-Se uno- dijo la mujer mientras estrechaba al desconocido inconscientemente. Su voz era un susurro. –Aunque no se si llamarlo cuento. Es demasiado pequeño, demasiado corto para serlo. Pero te prometo que es muy triste.
El hombre acomodó su cabeza en el pecho de la mujer. Tenía parte del pelo cubierto con costras de sangre reseca. Asintió, dando su aprobación.
-Hubo una vez un niño. Un niño-hombre, que gritaba y lloraba. Lloraba sin cesar, desconsoladamente. ¿Y sabes que? Nunca se supo el porqué, la razón de tanta pena-.
-Pero, ¿Cómo es posible? Era un niño…-.
La mujer se inclinó
-Nunca se supo, porque nunca hubo nadie que lo escuchara. Esta sucediendo. Ayer pasó. Ahora. Y mañana ocurrirá. Siempre hay alguien que llora, siempre alguien que no escucha. Y siempre se muere una parte del mundo-.
Un atisbo de sonrisa asomó en la boca del hombre.
-Yo tengo uno mejor. También es muy corto-. El ruido de las explosiones era tan ensordecedor, que debía hacer un esfuerzo supremo para elevar la voz.
-Cuéntamelo-.
-Hubo una vez alguien con muy buena memoria. Recordaba todo. Todo lo que había vivido. Buenos, y malos momentos. Mucha gente estaba viva gracias a él, en su recuerdo. Sin embargo, un día su rostro se ensombreció. Él, que tan pendiente estuvo de sus recuerdos, estaba muerto en el de los demás.
Y de repente, se encontró rodeado de olvido-.
Sintió humedad en la mejilla. Todo era nieve y cenizas. Y los brazos apretaron.
-¿Sabes? Creo que sé porque lloraba el niño-. Su aliento era cálido, y sus labios casi le rozaban la frente.