28.2.10

Lo que viene

Cumpliendo con mi oficio
piedra con piedra, pluma a pluma,
pasa el invierno y deja
sitios abandonados,
habitaciones muertas:
yo trabajo y trabajo,
debo substituir
tantos olvidos,
llenar de pan las tinieblas,
fundar otra vez la esperanza.

Pablo Neruda

27.2.10

Cavando

Elucubraba yo desde hace unas noches, sobre la propiedad intelectual de mi personalidad. Ya que, como se suele decir, somos en muchos aspectos la suma (o resta, o multiplicación... quién sabe) de las personas que nos dejaron huella, siempre intento escarbar hasta aquellos rasgos que por mi propia naturaleza, fueron intrínsecamente míos desde el principio. Y no parece una empresa sencilla, aunque quizás si gozosa, y un auténtico ejemplo de autoconocimiento efectivo, ante el cual muchos de nosotros nos sentimos algo inquietos. Bueno, somos humanos.

Muchas de mis aficiones, que por su extensión han acabado condicionando mi forma de ver las cosas, son fruto de mi relación con mi hermano, y por lo tanto, son adquiridas. La lectura, los cómics, el cine, incluso mi ideología. ¿Habría sido lo mismo sin su presencia? También mi pasión por la música nacía casi al mismo tiempo que una cinta grabada por un compañero de instituto se deslizada por mi radiocassette recién estrenado. De manera que profundizo un poco más, y descubro mi pasión por el mar y todo lo que rodea su mundo. O más determinante aún, mi necesidad por el ejercicio de las artes plásticas, sean cuales sean, Las manos son una cosa maravillosa, y, no importa el medio, siempre me he sentido necesitado de expresarme con ellas, aunque puede que todo ello sea una consecuencia directa de mi romanticismo y nostalgia auténtica, no siempre relacionada con los recuerdos o mi relación con el sexo opuesto. Ahora que vuelvo a ilustrar con brío, intento trasladar ese poso de autenticidad, y definir poco a poco el universo que soy. Que somos todos.

5.2.10

Eso

Este año también, sus letras hablan por mí.

Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.

Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.


Idea Vilariño

Lecciones

Fue Marian, una de las personas más formidables que conocí, de esas que no abundan, de esas que sabías, llegarían a un buen lugar. De verbo afilado, mente agilísima, determinación de acero, sus virtudes eran mucho más abundantes que sus defectos, y al fin y al cabo, éstos siempre eran derivados de los primeros. Recuerdo a mi amigo Jacobo diciendo de ella "madre mía, nos podría cerrar la boca a todos!" Y era cierto. Pero detrás de esa fortaleza, se escondía una sensibilidad, una entrega y amor que dolían. Yo nunca supe mirar allí, y aunque hubo buenos momentos, fue mi peor versión la que se impuso. Pero me siento orgulloso, pues aprendí muchas cosas de ella, que apliqué, e hice mías después. A lo largo de mi vida, nunca hasta ahora me había entregado a una causa, a un sueño. Sí, ese sueño que nadie salvo tú mismo, alcanza a ver. Marian era experta en ese campo, era una soñadora, empedernida y cabezona, que apostó todo a una carta. Y ganó. Consiguió lo que quería, y por lo que sé, es una de las personas más ricas que conozco. No de las ricas que tienen la cuenta corriente hinchada. Ricas como George Bailey, ya sabéis de qué modo. Y esa es una gran alegría a día de hoy, porque el triunfo de su búsqueda y su empeño, es el triunfo de todos los soñadores, de todos los que creemos en eso que llaman amor. Este año que se fue, fui mejor que nunca, luché con uñas y dientes, y aposté todo a una carta, por aquello en lo que creía, por aquello por lo que moriría. Quizás he perdido la apuesta, quizás la parte que no he podido aprender, la lección olvidada, es como encajar una derrota de este calibre. Pero mientras mi corazón siga bombeando, no tiraré la toalla. Me siento orgulloso de mi esfuerzo y pasión, de haber sido mi mejor versión. Hablando claro, me siento orgulloso de amar a alguien como R. , aunque no obtenga nada a cambio, aparte del hecho de hacerlo. Y en realidad, eso es muchísimo, conocer un amor así. 

Debería conformarme.

4.2.10



Hoy es ese día en el que quiero que me cojan la mano, y una voz, una voz susurre...

Ya está, 
no te preocupes más,
se acabó.

Creérmelo.
Y desaparecer.

3.2.10

En este tiempo

Con esta soledad
alevosa
tranquila
con esta soledad
de sagradas goteras
de lejanos aullidos
de monstruos de silencio
de recuerdos al firme
de luna congelada
de noche para otros
de ojos bien abiertos

con esta soledad
inservible
vacía

se puede algunas veces
entender
el amor

Benedetti

El otro día disfruté de nuevo con una de las pocas películas españolas que de verdad me apasionan, La Flaqueza del Bolchevique. No es ninguna obra maestra, pero cuenta con el grandísimo Luis Tosar como protagonista, dando vida a un treintañero de origen humilde que ha visto como todos sus principios e ilusiones se han ahogado con el tiempo en la vorágine de nuestra sociedad, o en el asiento de un directivo banquero. Una película sombría, esperanzada en cierto modo, que respira tragedia casi desde el principio. No hay sermón, no hay éxtasis. Y aún con la distancia que se establece con el protagonista, debido a la situación extraordinaria que une a la pareja imposible, aún así, pude conectar, identificar la derrota que lleva por bandera, y que de la noche a la mañana sustituye por la luz al final del túnel. Ahora que este gran hombre recoge premios gracias Celda 211 (bastante buena) no está mal echarle un vistazo a este film menor, pero muy estimulante. Uno de los mejores retratos de la soledad de nuestros tiempos.

Pd: Además de buen actor, y al parecer, buen tipo, el tío es conocido como el "Eddie Vedder" gallego! Aquí interpretando Ederly Woman behind the Counter in a Small Town, de Pearl Jam. No lo hace nada mal.

2.2.10




Ya basta, 
no más heridas, 
ni sal sobre ellas. 
Ya no es la vida

lo que duele.


1.2.10

Miss you Cebri



Son ya más de dos años sin él. Y todas las noches, desde entonces, la soledad ha sido un poco más insoportable para mí. Cuando pienso en su voz, en la forma en la que empecé a creer en esa máxima que decía la radio por el día, se oye, por la noche, se escucha siempre viene a mi mente mi viejo escritorio, mi flexo alumbrando algún libro de aquel 3º de BUP, mis horas intempestivas deslizándose a través de unas páginas no muy bien estudiadas, y mi fiel radiocassette de doble pletina heredado de mi hermano. Paulatinamente, a partir de las 12 de la noche, y hasta que mis párpados se daban por vencidos, la música de Nirvana o Queen daba paso a la magia de las ondas hertzianas. Era La Rosa de los Vientos, el programa que durante una gran etapa de mi vida, me hizo soñar con un mundo mejor, un mundo que mi adolescencia había idealizado, mucho antes que el desencanto se apoderara de la mayoría de mis principios. Cebrián y los suyos, siempre rodeados de una camaradería y un fraternalismo envidiables, se metían cada noche en tu propia habitación, proponiéndote un viaje a otras épocas, a otros mundos. Mientras te hablaban de historia, ciencia, literatura, ecología o cine, se convertían en tus compañeros, incluso en tus amigos. Juan Antonio Cebrián era un comunicador nato, un profesional apasionado, un humanista de nuestro tiempo, y finalmente, un colega. Nunca tuvo un mal gesto, una mala palabra, una salida de tono, incluso cuando se trataba de lidiar con personajillos como George W. Bush o Berlusconi, siempre lo hacía desde el humor y la diplomacia. En aquel mal momento, me salvó. Y a lo largo de los años, a lo largo de otros tantos malos momentos, él y sus compañeros fueron los oídos más fieles, aunque fuese yo el que los escuchaba fervientemente. El día que murió , lo recuerdo perfectamente, yo estaba en Murcia con M. Al enterarnos, tras unos minutos de incredulidad, los dos rompimos en lágrimas. Era la reacción natural al conocer el fallecimiento de un periodista, que con los años, se había convertido en amigo.

Es ahora, justo en estos momentos, cuando pienso en todo todo lo que perdimos nosotros, cuando él perdió su corazón. Aunque sé que su programa sigue en marcha, aunque sé que su mujer y sus amigos siguen haciendo un trabajo fantástico, yo no he podido volver a sintonizarlo. Su memoria sigue viva conmigo, y con millones de personas que como yo, le guardan un espacio en su corazón. Así que, esta noche, una cualquiera más en tu ausencia, gracias. Gracias por hacerme aprender, por invitarme a leer tantos libros, a ser más generoso, a esforzarme por ser mejor persona cada día, a cuidar de la naturaleza, a denunciar las injusticias. A luchar un poco más por las cosas en las que creo, y finalmente, a creer en mi. Seguimos echándote de menos.
- +