28.9.10


Poca vida para tan grande universo (el tuyo)

26.9.10



A pesar de todo, no he dejado de creer en el poder curativo de la palabra. 
A pesar todo.

22.9.10



echar de menos debería ser siempre, cosa de dos


Sus abrazos eran como una playa de invierno.

21.9.10


dibujaba para poder abrazarse a si mismo

20.9.10



los adultos somos tan ignorantes que nos regocijamos ante palabras como madurez, orgullosos al ver consumado el paso del niño al hombre, sin reparar un solo segundo en todo lo que dejamos en el camino, nunca será el mundo tan puro, como lo fue en esos ojos.


Una vez, tuve esperanzas.

19.9.10



No quería otra cosa que no fuera
 tu mano prolongando la mía.


habías esperado tanto y con esas ganas,
que envejeciste a ojos vista.

18.9.10



Habrá en estos 7000 kilómetros de vastedad 
suficiente sal para curar;
Los codos, de partirse tanto. 
Las rodillas, de besar suelo.


La ausencia de afecto
no hacía más valiosos
los escasos, nimios
detalles,
-resalto en la arena
de restos de naufragio-
Sólo evidenciaba
lo que apenas nos queda, 
el quizás
el soñar ya.

9.9.10


Todas las noches 
llega a mis oídos
el grito ahogado, 
lamento tímido. 
De aquello que decidimos
abandonar
extinguir
encerrar
ignorar
aislar.

Todas las noches
tengo que escucharlo.

¿lo escuchas tú?

7.9.10



Construía sus nuevos recuerdos en el mismo espacio donde florecieron los viejos.




Sin avisar, tu mirada trazó el ecuador de mi vida, a codazos entre un antes, y un después.

tres partes



Me gustaba tu forma de escribir sin una falta de ortografía, sin comerte una letra. Tu voz modulada con cariño, sobre la que administrabas con cuidado gotas de pasión, ternura y timidez, en perfectas cantidades, para convertirla de repente en una melodía deliciosa. 

Me gustaba la medida de tus pasos, esas zancadas que parecían rimar con las mías constantemente, caminar con nosotros como único rumbo improvisado, a través de calles que siempre eran nuevas. 

Me gustaba en lo que me convertías cuando te asegurabas de que estaba en las inmediaciones de tus ojos, impregnados de ilusión de niño y pasión adolescente.

...

Te quería porque no te gustaba correr, pero lo hacías cuando era para ir a mi encuentro. 

Te quería porque nunca te ibas de la estación hasta haberme perdido de vista en la última esquina, de la última calle, muda, pétrea. 

Te quería porque me agarrabas fuertemente cada vez que de repente me alejaba de tus labios, como si todo en esta vida dependiera del incendio de tu boca. 

Te quería cada vez que intercambiabas las sillas de los restaurantes para no estar frente a mí, sino al lado. 

Te quería por todos esos días de lluvia que ignoraste cuando nos sorprendieron,  fundidos en abrazo.

Sí.

Y te amaba.

Pero eso, temo que llegue el día, en que pueda explicártelo.

5.9.10


Foto de Leonardo


Esperar la desdicha
¿es una forma de esperanza?
La menos peligrosa en cualquier caso
La que no puede defraudarnos nunca.

Ángel González

3.9.10


Hay cosas que no se pueden reparar, y sin embargo seguimos intentándolo.
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