En realidad tú no tienes la culpa, todo esto es cosa mía. No es culpa tuya si me empeño en ver cosas que no son, si me duermo acunado con sueños fabricados con tan precarios materiales, si me imagino allí donde no estaré, si te espero ahí donde no estarás. No tienes culpa del continuo fracaso de mi voluntad, de mis ilusiones nonatas. Todo esto, es cosa mía, ya te digo. Cosa de mis lágrimas, de aquel libro que me leí con 15 años, cosa de la forma en la que me mirabas. Cosa de mi imaginación, de eso siempre anduve sobrado. Cosa del primer beso.
Me dicen que no tengo los pies en el suelo.
Pero es cosa mía.
Hace tiempo que me hiciste volar.










