Había encontrado un banco donde hablarte pero otra persona se sentó en él. Así que me meto en el bosque en el que por primera vez te vi. Le voy a poner escrito a alguna de tus fotografias, ¿me dejas? En realidad le pondria escrito a alguna de esas punzadas escritas que lanzas, pero no me atrevo. No sé qué haces que me remueve por dentro.
Todas las noches algo me trae aquí, a la oscuridad de este bosque que pronto parecerá albergarme. Hurgo entre los versos, los agujeros y tus palabras ausentes y aun así, sigue habiendo algo que solo me hace pensar en volver a ti, en calcular el dolor que me provocaria recortar las distancias; aunque esa intimidad me apetece tanto como esa luz que se cuela a veces a través de los agujeros de una persiana.
Creo que para esto escribo, por si hay otra persona al otro lado del mundo que quede suscitada de la misma manera. Es como una cuestión de menos soledad. De manera que te puedo decir que seguirá habiendo versos para ti en este rincón cuando te pases por él, aunque pronto vendrán desde el otro lado del atlántico. Sin embargo, las palabras al final, sólo son eso: Palabras.
Pero no todas las palabras son iguales y en eso también está la gracia. Tu me recuerdas a la palabra melancolía, quizás sea por eso que con irte tan lejos te quiero tener más cerca.
No son las palabras lo que me queda, es la capacidad de tenerlas aquí mismo. Supongo que te refieres a eso. La melancolía es un lastre, o al menos cuando alcanza las cotas de mi persona. Aún así, esa parte, también soy yo.
Todos somos esa palabra que en recortarse se convierte en un lastre: melancolía, ternura, oscuridad... que más da. Pero la gracia está precisamente en ese abanico de posibilidades que todas las otras nos ofrecen y tu, con tenerlas ahí mismo, resquebrajas tu ausencia de un modo que solo quiero alargar el brazo, las puntas de los dedos. Tu último poema me parece delicioso y limpio como una tempestad sin espera. Quisiera tanto que fuese mio...
Muchas gracias, de verdad. Mentiría si dijese que no aprecio un comentario así. No tengo en gran estima mis letras, y a veces creo estar haciendo el ridículo por publicarlas. Pero parece que hay quién lo agradece.
No creo que aprender a perder sea algo real. Existe el aprender a sobrevivir. Me gustó ese pensamiento sobre las personas que siempre repiten las mismas palabras. Tu eres una de ellas.
"Quien conozca los vientos, quien de la lejania haga una voz donde guardar memoria,
quien conozca la piel de su desnudo como conoce el rastro de su nombre, y no le tenga miedo, y le acompañe más allá del invierno encerrado en sus sílabas, de golpe, como un beso, que suba entre la niebla, por el puente, que le roce los dedos a su propio vacío, que salga al mar, que pierda el temor de alejarse". L. GARCÍA MONTERO
Había encontrado un banco donde hablarte pero otra persona se sentó en él. Así que me meto en el bosque en el que por primera vez te vi. Le voy a poner escrito a alguna de tus fotografias, ¿me dejas? En realidad le pondria escrito a alguna de esas punzadas escritas que lanzas, pero no me atrevo. No sé qué haces que me remueve por dentro.
ResponderEliminarTodas las noches algo me trae aquí, a la oscuridad de este bosque que pronto parecerá albergarme. Hurgo entre los versos, los agujeros y tus palabras ausentes y aun así, sigue habiendo algo que solo me hace pensar en volver a ti, en calcular el dolor que me provocaria recortar las distancias; aunque esa intimidad me apetece tanto como esa luz que se cuela a veces a través de los agujeros de una persiana.
ResponderEliminarCreo que para esto escribo, por si hay otra persona al otro lado del mundo que quede suscitada de la misma manera. Es como una cuestión de menos soledad. De manera que te puedo decir que seguirá habiendo versos para ti en este rincón cuando te pases por él, aunque pronto vendrán desde el otro lado del atlántico. Sin embargo, las palabras al final, sólo son eso: Palabras.
ResponderEliminarPero no todas las palabras son iguales y en eso también está la gracia. Tu me recuerdas a la palabra melancolía, quizás sea por eso que con irte tan lejos te quiero tener más cerca.
ResponderEliminarNo son las palabras lo que me queda, es la capacidad de tenerlas aquí mismo. Supongo que te refieres a eso. La melancolía es un lastre, o al menos cuando alcanza las cotas de mi persona. Aún así, esa parte, también soy yo.
ResponderEliminarTodos somos esa palabra que en recortarse se convierte en un lastre: melancolía, ternura, oscuridad... que más da. Pero la gracia está precisamente en ese abanico de posibilidades que todas las otras nos ofrecen y tu, con tenerlas ahí mismo, resquebrajas tu ausencia de un modo que solo quiero alargar el brazo, las puntas de los dedos. Tu último poema me parece delicioso y limpio como una tempestad sin espera. Quisiera tanto que fuese mio...
ResponderEliminarMuchas gracias, de verdad. Mentiría si dijese que no aprecio un comentario así. No tengo en gran estima mis letras, y a veces creo estar haciendo el ridículo por publicarlas. Pero parece que hay quién lo agradece.
ResponderEliminarTe vas superando... ¿Hacemos unos versos a cuatro manos? Si te apetece empieza tu: joanaina.lluvias@gmail.com
ResponderEliminarLa verdad es que estoy menos inspirado que nunca...
ResponderEliminarNo creo que aprender a perder sea algo real. Existe el aprender a sobrevivir.
ResponderEliminarMe gustó ese pensamiento sobre las personas que siempre repiten las mismas palabras. Tu eres una de ellas.
Un recuerdo allá donde estés.
Recibiste el mar?
ResponderEliminarwww.undesgavellsemblant.blogspot.com Pero no me enlaces aun, por favor. Joanaina
ResponderEliminarTienes que hacer algo con esta foto:
ResponderEliminarhttp://www.flickr.com/photos/grantheins/6187275438/in/photostream/
Puedes enlazar el blog nuevo si quieres ya, pero por favor no lo hagas como "Joanaina" :* Gracias por la postal.
ResponderEliminarSobre las pieles...
ResponderEliminar"Quien conozca los vientos, quien de la lejania
haga una voz donde guardar memoria,
quien conozca la piel de su desnudo
como conoce el rastro de su nombre,
y no le tenga miedo, y le acompañe
más allá del invierno encerrado en sus sílabas,
de golpe, como un beso,
que suba entre la niebla, por el puente,
que le roce los dedos a su propio vacío,
que salga al mar, que pierda
el temor de alejarse".
L. GARCÍA MONTERO
Muchas gracias, puedes escribirme aquí: rustedbox@yahoo.es para no estar todo el rato posteando :)
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