Ocurre que quiero llorar
cada vez que mi madre
olvida su nombre
o no recuerda el mío.
Lloraría
porque ella no puede ya.
Lloraría
por el asfixiante miedo
de no poder estar.
Por las cosas buenas que una vez fueron
y se alejan, inexorables
apolilladas
hasta nunca
haber sido.
Hasta no ser nada.
Ni heridas
que dejaran una vez
los poemas.
Ni tardes
que yo recuerdo
capaz de respirar
hondo
hasta romperme.
-Y la luz era contigo
y escudriñamos
ojos y mejillas
en busca de los pedazos
mientras decíamos nosotros
...nosotros
y aquello
era la vida.-
Y yo no me preguntaba
por cómo soportarlo.
cada vez que mi madre
olvida su nombre
o no recuerda el mío.
Lloraría
porque ella no puede ya.
Lloraría
por el asfixiante miedo
de no poder estar.
Por las cosas buenas que una vez fueron
y se alejan, inexorables
apolilladas
hasta nunca
haber sido.
Hasta no ser nada.
Ni heridas
que dejaran una vez
los poemas.
Ni tardes
que yo recuerdo
capaz de respirar
hondo
hasta romperme.
-Y la luz era contigo
y escudriñamos
ojos y mejillas
en busca de los pedazos
mientras decíamos nosotros
...nosotros
y aquello
era la vida.-
Y yo no me preguntaba
por cómo soportarlo.
Por esta envidia a los muertos.
y este lastre en las vísceras.
No me preguntaba
si para entenderlo tendría
que abriros en canal, a ver
qué coño lleváis dentro
para aguantar
para no arrancaros los dientes, las uñas
y lanzaros por una ventana,
para saber qué hacer
a dónde mirar
para no perecer
en esta náusea obstinada.
Y sentarse así
delante del televisor a ver
cuánto tarda
el dolor
en dejarnos,
dolor
último nosotros
que ahora queda.
y este lastre en las vísceras.
No me preguntaba
si para entenderlo tendría
que abriros en canal, a ver
qué coño lleváis dentro
para aguantar
para no arrancaros los dientes, las uñas
y lanzaros por una ventana,
para saber qué hacer
a dónde mirar
para no perecer
en esta náusea obstinada.
Y sentarse así
delante del televisor a ver
cuánto tarda
el dolor
en dejarnos,
dolor
último nosotros
que ahora queda.


