porque sin palabras nos
vivimos
y matamos
muchas veces.
Pero nunca atajamos esa insoportable necesidad
de una constante. Nunca nos libramos de esa vergüenza que nos hiere
por no
saber
herirnos.
Y cuando quisimos abandonarnos
como se abandona a un perro
como se abandona a un perro
en la cuneta -porque ni era para tanto
ni daba
para más-
Lo único que dejamos atrás fueron ciudades.
Lo único que supimos romper
era
ya
pedazos.
ya
pedazos.
Fue amor, es innegable.
Pero tu esternón es un glaciar
que lento e inexorable
amenazaba
todos mis días.
que lento e inexorable
amenazaba
todos mis días.
