A esta mueca te acostumbras
porque la edad, sin querer (o queriendo, quién sabe)
te acostumbra
a muchos dramas.
Como arruga incipiente
o huella de ternura
en la garganta,
esta media sonrisa
se te acomoda en el rostro,
se te acomoda en el rostro,
ahí donde los demás
antes encontraban tu nombre.
antes encontraban tu nombre.
Y con ella tragas.
Tragas
con un perro muerto
presa del asfalto,
presa del asfalto,
con la madre
de memoria despojada.
Como cuchicheo
o hambrientas hormigas,
tragas con los besos
de sabor a precipicio
de sabor a precipicio
o a colilla apagada.
Tragas
con un amigo
a mil kilómetros muerto,
suicidado, solo,
tragas con las jaurías
de charlatanes,
con los hombres
devorados
por otros hombres.
Tragas con infancias saqueadas.
Con tu herencia irrenunciable.
Tragas y tragas.
Pero no revientas.
con un amigo
a mil kilómetros muerto,
suicidado, solo,
tragas con las jaurías
de charlatanes,
con los hombres
devorados
por otros hombres.
Tragas con infancias saqueadas.
Con tu herencia irrenunciable.
Tragas y tragas.
Pero no revientas.
Entonces vuelve la mueca
de día gris, de gangrena
crónica.
ya nunca volveré a ser
el que fui.
Qué mala suerte la nuestra,
que perdimos el derecho
a la herida
pero olvidamos
las razones.
a la herida
pero olvidamos
las razones.
