Plurales es un
primer poemario. Existe cierta predisposición en el panorama poético a tratar
este aspecto con tendenciosidad. Sin embargo, este hecho en realidad exime de
muy poca cosa a los ojos del aficionado obcecado. Más importante en Plurales
es, sin embargo, la clarividencia de sus virtudes, el esfuerzo palpable en pos
de una voz propia que, todos sabemos, tarda mucho en llegar. Porque esta obra
de la madrileña Clara C. Scribá, ofrece una colección compacta, granítica de
poemas, como no es tan habitual contemplar en la estantería de novedades.
Dividido su
contenido en 3+1 partes, el lector no encontrará esta ordenación en absoluto
frívola o impostada. Todo lo contrario, no sólo ejemplifica el aliento colectivo
de sus pretensiones, sino la disciplina, la férrea sistematización de los
impulsos poéticos de la autora, la vocación estructuralista de las emociones
más primarias.
Y sin embargo, no
hay atisbo de pretenciosidad. Los versos de Clara buscan incansablemente el
hueso, ya desprovisto de carne muerta, de cartílago. Sólo en ciertos momentos
Plurales traerá a nuestra memoria la tradición de Cernuda o Aleixandre, pero
apenas desbaratando el discurso principal, que es esa búsqueda de identidad a
través de los vestigios del apego, la realidad amorosa y el desencuentro.
Especialmente éste último, que actúa como buque insignia en muchos de los
poemas: Hacerse una jaula de hierro/ en
las entrañas y matar/ los deseos uno a uno/ cada noche.
Tanto en la primera
parte (1ª persona del plural) como la segunda (2ªpersona del plural) se aprecia
una homogeneidad que propicia la rápida, agradable lectura. Algunos de los
lugares comunes son identificados y puestos en cuarentena. Otros, son asaltados
con la suficiente contundencia: He
dejado/ de lamerme las heridas/ y ya ni siquiera/ hay nada que lamer.
Llega entonces la
tercera persona del plural. Encontramos en este último tercio del volumen algunos
pasajes de mal llamado carácter social, deseosos por dejar atrás la pátina de
ingenuidad habitual en esas lides. Y es aquí donde se hace más evidente el
talento lírico de la autora, ya que se eleva por encima de una denuncia de
cierta bisoñez. Pero el andamiaje en la poesía de Plurales es resistente, e
incluso aquí, en la zona de alto riesgo del poemario, se descubre con esos
detalles de la lucidez propia del buen poeta: Contar con tiempo,/ para vivir/ no es vivir.
Clara termina con
cuatro poemas que parecen obedecer a la intertextualidad bien entendida y que
se alzan con porte orgulloso, pues demuestran la confianza, el total control de
las aptitudes de su autora. Es por eso que huyen de la timidez, creando un
punto y final con subrayado incluido, reflejando en sus versos las manías y bondades que tiene este debut poético: Quiero/ no ser viva/ quiero/ ser arte/ estar
en el arte/ no ser artística/ no ser artista/ ni siquiera belleza.
El deseo de
trascendencia a través de la profundidad y el lenguaje empapa la lectura de
Plurales. Sí, el amor es vehicular en sus intenciones. Pero un amor que apunta,
por encima de todo, a la palabra misma.

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