Antes, escribía cuando estaba triste,
y recuerdo haberlo estado a menudo.
Ahora, ni siquiera esa excusa me alcanza.
La soledad intrínseca a mi naturaleza ha devorado todo atisbo de léxico y voz, si es que alguna vez lo hubo.
Observo el día a día desde un limbo situado a medio camino entre mi profundo desprecio por la realidad, y el amor que siento por la vida, por la posibilidad de ella.
Es agotadora la belicosidad que hallo en ese intersticio, en esa hendidura a la que nadie ha de acudir.
Me viene Pizarnik a la cabeza:
Los que llegan no me encuentran,
los que espero ya no existen.
Las noches magnifican con cruel virulencia todo lo extinguido. Erosionan.
Tanto.
:( > :/ > :)
ResponderEliminarEspléndido. Felicitaciones!
ResponderEliminar