Dicen que con su altura
representa un pasado glorioso
de industria y trabajo
de humo, carbón;
ensordecedor ruido.
Pero los que la construyeron,
y colocaron meticulosamente
la ciclópea masa de ladrillos
uno por uno
no tenían ni idea
no sabían
que un día
serviría a otras razones
más amables,
más delicadas.
No se imaginaban
que marcaría el lugar
la cruz del mapa
para amores
y verdades
más acordes con su esbeltez
y asombro
que cualquier miseria pasada.
Los que la construyeron
no sabían
que esa chimenea
nunca habría de caer;
que el lustre de su cerámica
se mantendría firme
así como el ímpetu de los niños
que juegan a sus pies.
Y así será.
Así será porque
existe un anhelo de infinitud
en aquellos lugares
a los que uno
ya no puede volver.