Agnes Grey
Anne Brontë, 1847
Editorial: Alba
Traducción: Menchu Gutiérrez
Agnes Grey no posee el tenebrismo desbocado de Cumbres Borrascosas, ni tampoco el fervor gótico de Jane Eyre. Incluso parece estar muy lejos del extraordinario logro que, entiendo, es la segunda novela de la pequeña Anne, La inquilina de Wildfell Hall. Pero lo cierto es que estas impresiones superficiales no significan gran cosa cuando se habla de las singulares hermanas de Yorkshire, cuya más mediocre producción sería la mejor de la inmensa mayoría. Además, las aventuras y desventuras de la institutriz protagonista no dejan de mostrar en ningún momento toda esa colección de virtudes que hicieron míticas a las Brontë: un sentido del ritmo innato, una gran sabiduría narrativa, y un perfecto dominio del lenguaje. Y esas sólo son las virtudes, digamos, mundanas: Es su elevadísima categoría humana, —que se mezcla en sus obras en una combinación imposible de espíritu de clase, romanticismo intelectual y evocación religiosa— lo que hace muy estimulante esta lectura epistolar de tan moderadas ambiciones y que, sin embargo, encierra la semilla de su siguiente novela, sorprendentemente subversiva.
Apuntes del subsuelo
Fiódor Dostoyevski , 1864
Editorial: Alianza
Traducción: Juan López-Morillas
Siempre se ha hablado de Dostoyevski como un perfecto conocedor de la psicología humana, de sus entresijos más oscuros y secretos; muy capaz de plasmarlos con toda su crudeza en las páginas de sus novelas. Apuntes del subsuelo no haría más que confirmar esa tesis, ya que se trata de una obra bien sobrada de crudeza y de otro tanto de psicología. Más aun, de inmolación. Y puesto que el bueno de Fiódor sabe muy bien cómo hurgar en la herida y de qué modo lo que cuenta es universal, cualquier atisbo de identificación con el turbio protagonista tiene como inevitable resultado una sensación de angustia en el lector, de desagradable desnudez.
De todos esos entresijos que gusta de analizar, es el miedo el favorito del autor ruso. Y es el miedo atávico que todo ser humano posee en su programación el que hace pasar de un primer discurso que hermana al narrador casi con aquel übermensch de Nietzsche, –con sus disertaciones sobre el libre albedrío o moral–, hasta la cima del patetismo y la mezquindad en la recta final. Sin duda la gestión de la injusticia y los miedos son un asunto complejo, pero en el caso de Apuntes del subsuelo, llevan al ser humano hasta límites insospechados. ¿Es nuestro narrador una prolongación del pérfido protagonista de El gato negro de Poe? La materia prima es la misma, eso seguro. Lectura incómoda donde las haya.
Ficciones
Jorge Luís Borges , 1944
Editorial: Debolsillo
La erudición de Borges pasa por elevar el libro a la categoría de símbolo absoluto, Alfa y Omega de todo aquello que es susceptible de considerarse eterno, y esa es sin duda una de las razones por las que hace de él objeto protagonista de la mayoría de los cuentos que componen estas ficciones. Pero no sólo el libro se eleva por encima de la propia vida, también el tiempo (¿como invención humana? ¿Como realidad ineludible y cambiante?) es excusa vehicular para trazar los laberintos lingüísticos que se suceden por obra y gracia del talento inconmensurable del autor argentino. A veces las exigencias altísimas de su pluma -que no parece hacer otra cosa sino divertirse con la palabra-, establecen una distancia acaso demasiado dilatada con el lector; pero en otras, la mayoría, una dedicada atención a lo que cuenta proporcionará la más sustanciosa de las recompensas: la recreación de mundos nuevos para un disfrute incomparable.
Mención especial para el inolvidable relato La biblioteca de Babel, que nos habla de un lugar donde habitan todos los libros escritos posibles, y que inspiró la biblioteca que imagina Eco para El nombre de la rosa.



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