Una mascota a la que bautizar
Ni le puso jamás nombre a ninguno de sus juguetes.
Desconocía por completo ese talento, que le resulta tan ajeno como los placeres que debía esconder.
Pero a la soledad que le invadía
en los trenes
en el mes de Agosto
y en su propia cama.
A eso si que le puso un nombre.

Cuadro: Edward Hopper - Autómata
Me encanta Hopper, y me asusta la soledad.
ResponderEliminarYo siempre viajo a la izquierda, al lado de la ventana.
ResponderEliminarLa soledad asusta, pero también puede disfrutarse.
Me ha gustado mucho el cuadro :)
Precioso poema.
ResponderEliminarCoincido. Hopper es el rey de la soledad.
Un escalofrío me ha trepado por la espalda al verme reflejada, no en lo que has escrito, si no en la mujer, en su gesto eternamente paciente y privado de cariño.
ResponderEliminarTanta carencia y tantas toneladas por ofrecer...
Buf. Otra vuelta de tuerca más. Menos mal que hoy es viernes.
Si, Hopper es de mis preferidos, y me encanta el contraste entre lo colorido de sus cuadros, y la soledad que desprenden. Le pega escuchar a los Doors^^
ResponderEliminarMarlene, ya es domingo xD
Saludos!