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| foto de daniel |
Heridas como estaban de muerte
todas las cosas hermosas,
no quedaba refugio
ni alma
más allá del armisticio que prometía
una pausa interminable
entre tus piernas.
Nos entregamos
como quien devuelve
la correspondencia pasada,
como quien ofrece
invitación
a entierro ajeno,
todo por saber
amiga, no es posible
evitar la vida
por mucho tiempo,
dejar la sangre y los huesos
de un lado.
Ahora es vivir
tejiendo con lo que no dijimos
una manta para los sueños,
memorizar
con las yemas de los dedos
los tajos cicatrizados.
Lo sabes,
la ausencia no devuelve
las fichas de esta apuesta.
Hoy
pajaritos de frágiles sienes lamentan
la tragedia de sobrevivir,
lloran
por el humo que habita
por el humo que habita
sus osarios vacíos.

Joooder!
ResponderEliminarY duele, ese puto humo escuece.
ResponderEliminar"los pajaritos de sienes frágiles lamentan
ResponderEliminarla tragedia de sobrevivir,
lloran por el humo que habita
sus osarios vacíos"
el final me entusiasma
brutal!
ResponderEliminarHoy, no tengo mecanismo de defensa para sobrevivir...
ResponderEliminarNunca me dejan indiferente tus poemas. NUNCA
bsos
"Nos entregamos
ResponderEliminarcomo quien devuelve
la correspondencia pasada"
(suspiro)
A lo mejor la felicidad es eso, las pausas.
ResponderEliminar¿Compartidas? Puede que sí...
EliminarPuede que perdamos compañeros de mesa, pero "la partida" nunca termina. Seguimos tirando fichas, ganando y perdiendo.
ResponderEliminarImpresionan estos versos.
esta lúgubre manía de vivir
ResponderEliminaresta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.
hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!
(Alejandra Pizarnik, de La última inocencia, 1956)
Siempre genial Pizarnik
EliminarQué precioso poema
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