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| foto de Ilayda |
Recuerdo
que entonces
todo ardía.
Que ansiábamos
la pequeña muerte
la pequeña muerte
que moraba en las entrañas,
habitar la grieta
donde huella y uñas
donde huella y uñas
marcan el
camino
hacia nuestra condición
hacia nuestra condición
irrenunciable.
Allí, donde el tajo infinito del universo
desterraba el asco.
Allí
en la
humedad del adentro
donde las
mentiras del mundo
naufragan,
naufragan,
resonando huecas
viejas
lejanas
lejanas
víctimas de un incendio
en crepitante pulso,
de un desgarro
elaborado y tejido
elaborado y tejido
donde temerosos buscamos
el corazón
arrebatado
de lo que es cierto
y hermoso.
y hermoso.
De lo que creímos
era inmortal.

Siempre en busca de aquello que es cierto.
ResponderEliminarque entonces todo ardía...
ResponderEliminara mí hay fuegos que me dan un poco de miedo, pero claro, sin ellos no saldrían estos maravillosos textos.
Creo que arder así es una de las grandes aspiraciones del ser humano. Signifique lo que signifique.
EliminarVa a resultar que todos y todo somos mortales. Pero no dejemos de arder por eso.
ResponderEliminares tan bonito... tanto...
ResponderEliminarrespiro tus palabras en el cúmulo de mis miedos y es como enfermedad curada ¿sabes? es como oxigenarse limpio.
De mis preferidos, sin lugar a dudas.
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