Nunca es un buen día para 3 horas en sala de espera. Para el desfile de húmedas camillas, y el sabor a vendajes. Para el concierto de puertas automáticas y bocas torcidas. Para esos semblantes ruborizados por las lágrimas ajenas quietos, mirando al suelo. -porque quizás no hay otro lugar a donde mirar.- Escuchando el llanto contenido que reverbera, que estrangula el febril anonimato de esta extraña reunión.
Entonces, por fin la madre de alguien ofrece un pañuelo al hijo de otra. Yo creo que en ese instante lloró aún más. Yo creo hubiese jurado que quiso abrazarla.
mi infancia fue el olor destilado de las paredes blancas y verdes de un hospital perdido en medio de una carretera. éstas letras han sido el breve recuerdo de todas las escenas que pude contemplar, de todo el temblor.
Yo no quiero estar en hospitales, salvo por nacimientos, sin embargo tampoco los odio. Tal vez porque fui muchas veces y casi siempre con buen final. No obstante hay algo límbico en la mayoría de gente que vive algo intenso en los hospitales que desnuda el alma. Algo así como la escena de tu poema.
odio los hospitales, odio cada día y cada lágrima que me han arrancado
ResponderEliminarun abrazo fuerte
Yo no los odio, pero ya sólo me recuerdan a una realidad trágica.
EliminarUn abrazo de vuelta.
mi infancia fue el olor destilado de las paredes blancas y verdes de un hospital perdido en medio de una carretera.
ResponderEliminaréstas letras han sido el breve recuerdo de todas las escenas que pude contemplar, de todo el temblor.
Medicina Humana.
ResponderEliminarDelicioso y triste. Salvo un parto o la cura de algo, siempre son un desguace.
ResponderEliminarYo no quiero estar en hospitales, salvo por nacimientos, sin embargo tampoco los odio. Tal vez porque fui muchas veces y casi siempre con buen final. No obstante hay algo límbico en la mayoría de gente que vive algo intenso en los hospitales que desnuda el alma. Algo así como la escena de tu poema.
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