A esta mueca te acostumbras
porque la edad, sin querer (o queriendo, quién sabe)
te acostumbra
a muchos dramas.
Como arruga incipiente
o huella de ternura
en la garganta,
esta media sonrisa
se te acomoda en el rostro,
se te acomoda en el rostro,
ahí donde los demás
antes encontraban tu nombre.
antes encontraban tu nombre.
Y con ella tragas.
Tragas
con un perro muerto
presa del asfalto,
presa del asfalto,
con la madre
de memoria despojada.
Como cuchicheo
o hambrientas hormigas,
tragas con los besos
de sabor a precipicio
de sabor a precipicio
o a colilla apagada.
Tragas
con un amigo
a mil kilómetros muerto,
suicidado, solo,
tragas con las jaurías
de charlatanes,
con los hombres
devorados
por otros hombres.
Tragas con infancias saqueadas.
Con tu herencia irrenunciable.
Tragas y tragas.
Pero no revientas.
con un amigo
a mil kilómetros muerto,
suicidado, solo,
tragas con las jaurías
de charlatanes,
con los hombres
devorados
por otros hombres.
Tragas con infancias saqueadas.
Con tu herencia irrenunciable.
Tragas y tragas.
Pero no revientas.
Entonces vuelve la mueca
de día gris, de gangrena
crónica.
ya nunca volveré a ser
el que fui.
Qué mala suerte la nuestra,
que perdimos el derecho
a la herida
pero olvidamos
las razones.
a la herida
pero olvidamos
las razones.

Ha de ser que nuestro mapa son esos escombros que se nos van cayendo al paso... Un abrazo.
ResponderEliminarQué escalofrío. Besos.
ResponderEliminarun doloroso y certero mapa, a buen seguro.
ResponderEliminarbello…
ResponderEliminarHay quienes ni son conscientes de ello.
ResponderEliminarse engorda medio kilo el año. ser el mismo de antes es físicamente imposible.
ResponderEliminarel peso del tiempo, que convierte todo en muecas y al final ni sabemos distinguir y tampoco importa mucho. por suerte, algunos todavía lo pueden escribir y hacerlo terriblemente precioso.
ResponderEliminaryo ya no sé cómo más decírtelo.
Duele... en su belleza.
ResponderEliminarYa no volveremos a ser lo que fuimos: la vida gasta, la vida mata. Es una batalla irremediablemente perdida, como sostenía Schopenhauer. De acuerdo, el proceso nos transforma pero sin embargo podemos tener consciencia de esa transformación, y eso también quiere decir que tampoco hemos cambiado, que somos los que fuimos, que somos lo que somos, y que tal vez, la differencia es la serie de muecas que nos aparecen, la sorprendente capacidad de tragar que descubrimos, la dosis de desencanto que somos capaces de arrostrar sin renunciar a creer en lo que consideramos que merece la pena creer.
ResponderEliminarSalvo que la enfermedad crónica no sea la grangrena de la que hablas, sino la estupidez.
Siempre tan brillante, P.
Nos ahogamos en nosotros mismos y no queremos darnos cuenta.
ResponderEliminarAterrador. Un poema de 10.
La mente tiende a olvidar lo desagradable.
ResponderEliminarLa percepción de las cosas no siempre es igual, afortunadamente ;)
La mente tiende a olvidar lo desagradable.
ResponderEliminarLa percepción de las cosas no siempre es igual, afortunadamente ;)
Enhorabuena. Por todo.
ResponderEliminarTe he leído varias veces, por no decir muchas, y es terrible la sensación en el paladar, cuando descubro que la lengua no está... me voy muda, muda y en congoja P.
ResponderEliminarEstremeces P, vello de punta siempre cuando te leo.
ResponderEliminarReverencia.
"Je suis; je parle á qui je fus et qui-je-fus me parlent.
ResponderEliminar( ... ) On n'est pas seul dans sa peau."
Henry Michaux