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| foto de Berber |
Ocurre a veces que mi reflejo
abandona su carácter liviano y breve,
se transfigura
y cae desde mis puntos de fuga
al abismo negruzco del lenguaje
aún por brotar.
A ese centro donde mi gravedad
se tambalea indolente
ante un amago de mirada
o el silencio
defectuoso y permeable.
Vuelve a mí entonces
preocupado, inquieto
con el miedo arraigando
en su vientre translúcido,
con la inaceptable certeza
de reflejo saberse.
No lo escucháis,
yo sé
que está gritando.
Pero el que tiembla
soy yo.

Se te oye Pablo, fuerte y claro, igual que tus letras que nunca me dejan indiferente, por su profundidad y belleza.
ResponderEliminarFelicidades por el libro y gracias por tu paso y huella por mi blog.
Besos
Gracias a ti, sin duda te debía esa huella.
Eliminarabrazos.
Gracias por volver a la actividad, hacía falta eso. el libro hay que conseguirlo...
ResponderEliminarA decir verdad nunca me había sentido tan identificada con tus letras. Qué bien tenerte por aquí otra vez.
ResponderEliminarSi pudieramos escucharnos en ese sentido, este mundo sería un permanente coro de aullidos. Quién sabe si por eso existe el silencio.
ResponderEliminarMe alegro de que vuelvas a publicar aquí, se notaba mucho la falta.
temblar también es estar vivo. y después de temblar deja uno de temblar.
ResponderEliminarme sumo a la opinión mayoritaria: qué bien que volviste a tu casa. no nos abandones más.
Y yo leyéndote, como siempre.
ResponderEliminarSomos eso, opacidad.
ResponderEliminarMe encantó, un abrazo!
Increíble...
ResponderEliminarUn abrazo y mucho ánimo desde http://ahogandomentrelasnubes.blogspot.com/
Ayer vi tu libro en el escaparate de mi librería preferida, en una ciudad del norte. Estaba entre Gamoneda, Whitman, Storni, Botas y Chesterton entre otros. Primero saqué una foto con el móvil. Después entré y lo compré.
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