La llamada de Cthulhu y otros cuentos
H.P. Lovecraft, 1919-1928
Editorial: Alianza
Traducción: Francisco Torres Oliver, Aurelio Martínez Benito
El afán revisionista por la obra de Lovecraft me lleva esta vez hasta un singular volumen dentro del catálogo de Alianza Editorial, uno de los principales hogares del genio de Providence para el público hispanohablante. En realidad, esta selección no pertenece a la colección de Lovecraft como tal, sino que responde más bien a una serie de títulos de carácter introductorio, dedicados a diversos autores. Tal vez por eso los cuentos escogidos materialicen una propuesta muy heterogénea, repasando en cierto modo casi todas las fases por las que pasó el autor a excepción, quizás, de su ciclo onírico. Así, hay relatos plenamente deudores de Poe y su interpretación de la expresión gótica como El extraño o policiaca, como Aire frío, y también otros representativos de su fantasía inconmensurable y su capacidad como creador de cultos y atmósferas: el primerizo Dagón, el magnífico La música de Erich Zann (uno de mis relatos favoritos) o el arquetípico La llamada de Cthulhu.
Lovecraft no siempre alcanza la excelencia, como demuestra un predecible Arthur Jermyn, pero difícilmente pierde efectividad incluso en sus historias más prosaicas.
Leyendo de nuevo su obra, es inevitable señalar cómo las fobias y fantasmas que rodearon su infancia y juventud, dan forma a muchos de sus recursos, su mundo personalísimo. "Es posible percibir a Howard Lovecraft como un barómetro insoportablemente sensible del miedo en Estados Unidos", dijo Alan Moore.
Tristemente, esas fobias también se transformaron en un profundo desprecio por lo extranjero, acaso una suerte de racismo endogámico, consecuencia de su nostalgia por Inglaterra y su rechazo a la naturaleza ‘inmigrante’ de Estados Unidos. El propio Lovecraft solía decir que no había sentimiento más poderoso que el miedo a lo desconocido. Sin duda él lo vivió en sus carnes, y este conjunto de relatos da buena muestra de ello, para bien y para mal.
En las montañas de la locura
H.P. Lovecraft, 1936
Editorial: Acantilado
Traducción: Miguel Temprano García
En las montañas de la locura es, muy probablemente, la primera novela ‘adulta’ que leí, tal vez con 15 o 16 años. Lo hice en la edición de Alianza, que incluía también La casa maldita y Los sueños de la casa de la bruja. No sé muy bien qué me llevó hasta ella. Tal vez fue esa magnética -seductora al tiempo que terrible-, cubierta diseñada por Daniel Gil la que me llamó la atención, la que me invitó a asomarme a un espacio que parecía de algún modo vedado, que supuraba ocultismo sin saber muy bien entonces de qué se trataba eso exactamente; quizás fueron los guiños que tan a menudo dejaron en sus temas un grupo llamado Metallica, y que hablaban de seres innombrables, de miedos atávicos e inconcebibles. Un terror que no se parecía en nada a cualquier otro que uno pudiera imaginar.
Leída tanto tiempo después, apenas recordando ciertas escenas y rigurosas descripciones, mi impresión sigue siendo muy parecida: Qué imaginación desbordante. Qué fascinante poder evocador. Lovecraft, como ya antes lo habían hecho las Brontë, confeccionó un mundo de complejidad y variables superlativas apenas sin salir de sus cuatro paredes. Un espacio, tanto en fondo como en forma, con sus propias reglas. Más que nunca he encontrado en sus ademanes y naturaleza retórica esa semilla pulp, ese anhelo de llevar un paso más allá la materia prima de Poe, anabolizarla hasta el punto de equilibrar las herramientas del terror psicológico con el puro deleite plástico. Si H.P. Lovecraft ha sido y seguirá siendo una fuente de inspiración para cineastas como John Carpenter, diseñadores de juegos de rol o bandas de Thrash Metal, es precisamente porque ningún otro escritor ha tenido la capacidad de convertir en literatura aquello que mucho después difícilmente habríamos siquiera imaginado exportar a dicha disciplina sin su existencia. Recorrer el camino inverso parece del todo imposible. Y sin embargo es a donde pertenece; el verdadero espacio de su mundo es el papel.
Aunque fue mi primer contacto y me enganchó a su causa hasta los restos, jamás se me ocurriría recomendar En las montañas de la locura como introducción a su obra. Se trata de un relato denso, abarrotado de interminables descripciones; a ratos mutando en un tratado de antropología alucinante, cuando no en ensayo. Inicio y final son vertiginosos, e introducen su buena dosis de body horror, pero en términos generales el autor se muestra exigente con la atención de su audiencia. Bueno, él tampoco fue nunca muy amigo “de venderse”. Así lo explicaba Michel Houellebecq:
«En cuanto a sus obras, no le reportaron prácticamente nada. De todos modos, no le parecía conveniente hacer de la literatura una profesión. Según sus propias palabras: "Un caballero no intenta darse a conocer, lo deja para los egoístas arribistas y mezquinos". Claro, quizá sea difícil apreciar la sinceridad de esta declaración; puede parecernos producto de un enorme tejido de inhibiciones, pero al mismo tiempo hay que considerarla como la aplicación estricta de un código de conducta caduco al que Lovecraft se aferraba con todas sus fuerzas. Siempre quiso verse como un gentilhombre de provincias, que cultiva la literatura como una de las bellas artes, para su propio deleite y el de algunos amigos, sin preocuparse por los gustos del gran público, los temas de moda o cualquier otra cosa por el estilo. Un personaje semejante ya no tiene cabida en nuestras sociedades [...]. En una época de mercantilismo enloquecido, es reconfortante encontrar a alguien que se niega con tal obstinación a “venderse”».
En fin, que no sé si he dicho ya que es imprescindible.
El caso de Charles Dexter Ward
H.P. Lovecraft, 1927
Editorial: Acantilado
Traducción: Miguel Temprano García
«No invoquéis nada que no podáis controlar»
Quizás la menos lovecraftiana de las novelas que escribió o, al menos, una de las más clásicas en su fondo y forma. El caso de Charles Dexter Ward deja de lado (parcialmente) el mundo de los Mitos, y se centra en elaborar una trama puramente detectivesca donde se mezclan la nigromancia, el vampirismo y el ocultismo. A ratos pareciera que el autor de Providence homenajeara aquí a clásicos como Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Frankenstein o El retrato de Dorian Gray, retomando el tema del “doble” o de la transgresión de los límites humanos, pero haciéndolo a su manera.
Y su manera es llevar todo a un nivel superior en cuanto a turbación y desasosiego, especialmente en los pasajes que transcurren en ciertas catacumbas. Nunca H.P. Lovecraft se inclinó más por la insinuación, en detrimento de la materialidad que le caracteriza.
De sus mejores obras; más elegantes y pulidas, y una buena elección para estrenarse con el autor. La traducción de Acantilado, magnífica.



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