Lev Tolstói, 1859
Editorial: Acantilado
Traducción: Selma Ancira
Es fácil imaginar la concepción de esta novela como una especie de preámbulo para los temas que Tostói recuperaría años más tarde en Anna Karénina y, de hecho, muchas de las sensaciones –tanto del lector como de los propios personajes– que inundan su lectura trasladan sus ecos a aquélla. La felicidad conyugal trata el ineludible asunto del amor en pareja, bien escrutado a través prisma cirujano de Tolstói; su prosa sobria, eficaz y concisa se aproxima sin ningún tipo de rodeos a las distintas fases de ese relato que es el matrimonio, a saber: la pasión inicial, el deterioro y posterior desengaño y, finalmente, la madurez y delicada mutación de ese amor conyugal en generosidad, resignación y estoicismo, todo ello personificado en el matrimonio de Masha y Serguéi.
La universalidad de los comportamientos que imprime en sus personajes el maestro ruso y su habilidad para traducirlos en brillantes diálogos y soliloquios, convierten el libro es un pequeño objeto melancólico, actual; de un poso amargo y saciante al tiempo. Como la vida misma.
Harriet
Elizabeth Jenkins, 1934
Editorial: Alba
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Harriet, una mujer de 32 años con graves trastornos de aprendizaje; adinerada y prácticamente bajo la tutela de su madre, se ve envuelta en una trama de intereses económicos urdida por una galería de personajes de inferior escalafón social. A partir de ahí, Jenkins desata el horror. Uno de esos silenciosos, alejado de cualquier truculencia gratuita; el aire malsano y, sobre todo, el excelente perfilado de los protagonistas es lo que hace de esta novela un poderoso antecedente de eso que ahora llamamos 'true crime'. La actitud criminal que les envuelve no parece avivada por mentes malvadas y calculadoras, muy al contrario, es espeluznante comprobar lo muy humanos que se muestran al alimentar sus lazos afectivos, o en su adhesión al arribismo más impúdico como si de un derecho natural se tratara. Elizabeth Jenkins, que por otro lado tiene un estilo depuradísimo, parece aceptar la mezquindad y la miseria moral como ingredientes inherentes al alma humana. La falta de aprensión y empatía como moneda de cambio.
Una maravilla que además engancha como si de un folletín barato se tratara. Bravo por Alba editorial, que no dejan de dar en el clavo con su colección Rara Avis.
Cara de pan
Sara Mesa, 2018
Editorial: Anagrama
Sara Mesa bordea el lirismo más desatado en esta historia protagonizada por dos 'desperdicios sociales', dos personas heridas y de escasa utilidad para este mundo sometido a la productividad en el que vivimos; el mismo mundo sórdido y cruel contra el que Mesa desliza su alegato. Y lo hace a través de una materia prima que en manos menos hábiles sería un completo desastre, un producto inverosímil. Pero esta autora no es cualquier autora: Sara es capaz de manejarse en esa ambición de baja intensidad que le permite hablar de bullying y de convenciones sociales; del tabú de las enfermedades mentales o de la masculinidad como germen de toda tara emocional, sin salirse de su relato íntimo, obsesivo y casi asfixiante. Como en Cicatriz, aquí hay algo de irrealidad, una sensación de que el espacio narrativo no está anclado cerca del lector, ni en tiempo ni en lugar. No sabemos en qué ciudad transcurre, no hay nombres propios convencionales o noticias de actualidad que nos transmitan indicaciones. Estamos solos ante una historia de soledad, incomprensión y marginación; solos ante esas vidas (futuras, pasadas) llenas de inconfesables oscuridades, para que acompañemos a los pájaros del parque como únicos testigos de una verdad difícil de hallar o asumir.
Cara de Pan puede que no sea tan adictiva como otras obras de la autora, pero sin duda es la que mejor demuestra su talento y carácter singular.



No hay comentarios:
Publicar un comentario