10.6.09

Amargo


Mi primer acercamiento al cine de Michael Haneke de la mano de La Pianista, estaba precedido por diversos comentarios y avisos acerca de la crudeza y la aridez del estilo que maneja el director alemán. Una vez llegados los créditos finales, y con la seguridad de sospechar que se quedaron cortos, debo admitir que me ha dejado con ganas de más.

La cinta, galardonada en Cannes en el 2001, funciona a modo de habilidoso bisturí, dispuesto a cortar cada una de las capas que componen la sociedad, hasta llegar al más recóndito interior del ciudadano de a pie. Una muestra durísima y terroríficamente certera de los mecanismos y engranajes que componen las necesidades afectivas, casi vetadas en una sociedad hipócrita y desafiante. Haneke pone delante de la cámara una historia de amor tan ajena y desagradable, como real y natural. Una brutal composición de un ser humano cuyas carencias emocionales deforman de tal manera su interior, que cuesta mantener la vista en la pantalla.


Erika Kohut (interpretada de manera sublime por Isabelle Huppert) es una talentosa profesora de piano que sólo encuentra pasión en la música. A partir de ahí todo es un desierto inexplorado. Es fría, seria, gris. Desagradable, austera en gestos y expresiones, devorada por un profundo amargor, tal vez provocado por una adolescencia inexistente, o una madre sobreprotectora. En ese contexto absolutamente desprovisto de cariño, Erika invierte la fachada formal de cada día, y se transforma en una depredadora sexual, desarrollando una personalidad, tal vez paralela, tal vez complementaria, entre pornografía, vouyerismo y masoquismo. Y cuando de repente irrumpe el amor sincero del joven alumno Walter Klemmer en su vida, no es luz lo que ilumina a la necesitada profesora. Todo lo contrario, Haneke envuelve la cinta en una oscuridad y una violencia muda que deja al expectador exhausto.

La Pianista es una película no apta para todos los espectadores. Aunque siempre elije la opción de sugerir antes de mostrar, y Haneke convierte en belleza el arte de la sutileza, la cinta se encuentra infectada de una crueldad casi insoportable, producto de una protagonista cuyos actos resultan despreciables, pues buscan hacer y hacerse daño. Sin embargo, existe una sensación de realidad que empapa cada situación, un discurso que ataca abiertamente a esta sociedad acomodada, que no deja un respiro para las relaciones sociales, y las convierte en frío y hueco protocolo. La Pianista es la realidad de una enfermedad más, que bajo ningún concepto merece el calificativo de antinatural -la opinión popular ha perdido la potestad de juzgar que es natural, y que no- Recomendable verla. Y quizás valga la pena el esfuerzo de no apartar la mirada del monstruo. (¿estaremos hablando de un reverso tenebroso de "El Hombre Elefante" de Lynch?)
En resumidas cuentas, muy buena.

9.6.09

virginidad




Una de las sensaciones que con más frecuencia le habían visitado -y eran esas visitas como de domingo tarde, absolutamente indeseables- era el vértigo temporal. En aquella isla desierta no había mucho lugar para abstracciones o sesudas valoraciones metafísicas. La soledad era, y siempre fue, soledad. La plástica de las olas, el rumor del oleaje venía a ser una suerte de encuentro sexual, al igual que la roca era sangre y carne, la espesura de la maleza calor del lecho y los pocos animales salvajes que se dignaban a hacer acto de presencia, puro vasallaje.

El miedo pertenecía a otro universo, a una vida ya ajena, absolutamente extraña. Por eso, al ver aquellas pisadas en la arena, la incredulidad y la euforia fueron las últimas invitadas al festival que devoraba sus sentidos. En su lugar, una idea se hizo hueso en su cabeza:

"La marea podría borrarlas"


Hay miedos vírgenes. También sangran y se quejan llegado el momento.


18.5.09

Táctica y Estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.


Gracias por enseñarnos como explicar ciertas cosas que pensábamos, eran inexplicables.

Mario Benedetti. 1920 - 2009

14.5.09

Gris

Es la perspectiva de la lucha continuada, de la batalla parapetada en cada centímetro y segundo, lo que se intuía en su cara. Un sentimiento monocromo que se colaba por los ojos.


Odiaba el cansancio, como resultado de la fútil voluntad. Ansiaba una catarsis que nunca llegaba.



Tu palabra:
No me cansa el oído,
de tan masticada.
Amarga de noche.
Y dulce mañana.


24.4.09


Creo en la vida eterna en este mundo: Hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad.

Fiodor Dostoievski

19.4.09

reflexiones fugaces I




A veces se me antoja la vida pasada como una serie de segmentos muy herméticos, perfectamente independientes dentro de su ubicación en la memoria, y cuyo único nexo es el abstracto orden de sucesión, y tenerme ahí como protagonista. La vida no fluye uniformemente, sino que avanza en diferentes estratos, de diferentes longitudes e intensidad. Marcapáginas en forma de encuentros y desencuentros. Capítulos. Tropiezos. Hallazgos.

15.4.09

Hubo interesantes reflexiones y alguna que otra pregunta inteligente flotando en el aire, en el acto por la III República celebrado ayer, con Cayo Lara y Julio Anguita a la cabeza. Éste último, uno de los pocos personajes que ha dignificado la izquierda en España en los últimos 15 años.

Personalmente, y no me gusta hablar de política en el blog, me importa bien poco si los Borbones siguen o no por estas benditas tierras. Era más interesante, como se vió, indagar en los problemas der la crisis económica. Una crisis provocada en gran parte por esa gran mentira llamada libre mercado, que parecía que iba a asegurarnos un estado de bienestar (menudo eufemismo) ad infinitum. No ha sido así. Pero a quién le tiene que importar, para que pueda hacerse algo al respecto, no le importa. Seguirán pasando hambre 1.000 millones de seres humanos. Seguirán poblando europa directivos que ganan 66 veces más que un mileurista. "Si hay un sueldo mínimo, ¿por qué no un sueldo máximo?" Se preguntaban ante la mirada atenta de las Juventudes Comunistas.

Sigo moviéndome entre la incredulidad y la utopía que puede representar un futuro basado en una economía diametralmente opuesta a la actual, creyendo que un mundo socialista es posible. En cualquier caso, los que en España seguimos considerando la izquierda como la única opción moral posible, estamos más solos que la una. A seguir soñando.


Me gusta remitirme a razón del presente tema, a cualquiera de las obras de Frank Capra, como cineasta comprometido, portador de una ideología, tal vez ingenua, pero verdadera encarnación del sueño americano en esos años tan difíciles post crack del 29. A Capra además, le llovieron palos por todos los lados. La crítica al capitalismo que se respira en cada uno de sus clásicos le ganó el adjetivo de comunista en más de una ocasión, años más tarde, y la pérdida de todo el crédito del que disfrutó antaño. Triste situación para un artista que había conseguido aunar los valores de la izquierda y el cristianismo de una forma tan sublime. Claro que, ¿cómo asumir en pleno S. XXI su mensaje de "el dinero no da la felicidad"?



Y sin embargo, sería bonito pensar que todos somos un poco George Bailey

9.4.09

calles en las que no se colaba la luz...



Cómo tu batir abarca
rincón conocido,
y de poderosas alas
en boca prendidas;
sombra y cobijo.
Primavera mía.
Me alcanzas.


Ya sé que no está bien que lo diga, pero amo, amo esta foto.

14.3.09

enseñanzas

Mi viaje a Madrid ha sido una de las experiencias más didácticas y hermosas de mi vida. No sé si resulta una afirmación atrevida. Sé que no es gratuita, ni autocomplaciente. Y desde luego no es apresurada. Sencillamente, me he sentido conmigo mismo. Paseando por calles grises, o cegadas por el sol (ese sol de habilidad inusitada que se cuela donde quiere), calles extrañas, calles familiares. Calles abarrotadas, calles desiertas. El mundo a mis pies porque soy parte de él. Pies llenos, digo. Estaba solo. Y con todos.

No escapa de cierta ironía el hecho de que me acompañaras en cada paso, cada palabra. Saber que ya eras, incluso más que somos. Es decir, libre de exigencia, deseo y sueño.

Estoy aquí.

Nada más que eso
y tanto.


11.3.09

horizonte

Bauticé tu imagen antes de nacer.



Tanto frecuentabas las inmediaciones de mis sueños, que me inventé la forma de llamarte, cansado de ser descortés. Y mirando hacia el mismo sitio, terminamos (empezamos) por encontrarnos.
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