
“Si seguía clavado al suelo era por ver si me entraba una sensación de despedida… Lo que quiero decir es que me he ido de un montón de sitios sin darme cuenta siquiera de que me marchaba”
J.D. Salinger - El Guardián entre el Centeno
La soledad me asalta con mayor énfasis en las grandes ciudades. Eso pensaba al pasear por el Retiro uno de los cinco días que he disfrutado de la capital. Hacía 15 años que no la visitaba, y comprobé de que manera tan increíble deforma el tiempo la realidad de los recuerdos. En el viaje de ida y vuelta, he aprovechado para releer uno de mis libros preferidos, El Guardián entre el Centeno. Bueno, preferido hoy. En su momento no le presté mucha atención. Sin embargo, estos días me he sentido como una melancólica versión de Holden Caufield, al pasear por Madrid sumergido en una profunda soledad. Una soledad no especialmente deseada, pero de alguna manera, necesaria y apacible. Parece que cuando nos hacemos mayores, perdemos cierta capacidad de fascinación, de inmediatez. Nos invade el hastío. Y cualquier rostro desprende calor.
El frío, y la nieve, eran intensos el sábado. Quizás eso era lo que me hacía temblar.
Cuadro: Edvard Munch - Johan Street
La soledad me asalta con mayor énfasis en las grandes ciudades. Eso pensaba al pasear por el Retiro uno de los cinco días que he disfrutado de la capital. Hacía 15 años que no la visitaba, y comprobé de que manera tan increíble deforma el tiempo la realidad de los recuerdos. En el viaje de ida y vuelta, he aprovechado para releer uno de mis libros preferidos, El Guardián entre el Centeno. Bueno, preferido hoy. En su momento no le presté mucha atención. Sin embargo, estos días me he sentido como una melancólica versión de Holden Caufield, al pasear por Madrid sumergido en una profunda soledad. Una soledad no especialmente deseada, pero de alguna manera, necesaria y apacible. Parece que cuando nos hacemos mayores, perdemos cierta capacidad de fascinación, de inmediatez. Nos invade el hastío. Y cualquier rostro desprende calor.
El frío, y la nieve, eran intensos el sábado. Quizás eso era lo que me hacía temblar.
Cuadro: Edvard Munch - Johan Street






